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Carena

Esas buenas gentes de mar

Esas buenas gentes de mar

Lo mismo que los ríos devuelven el agua al mar, lo que un hombre da ha de tornar a él.

(Proverbio Chino) 

 

16 de julio de 2006

 

Vivo en un barrio de tradición marinera, un barrio de pescadores. Les llaman jabegotes. Buscando que significaba  eso de jabegotes descubrí que era un modo de pesca, con jábega, muy típica en Málaga. Mi abuelo era malagueño y pescador, y como él muchos malagueños que se acercaban a esta costa a faenar y acabaron afincándose aquí.

La patrona de mi barrio es la Virgen del Carmen. Mi familia es muy creyente, a pesar de no practicar demasiado, sólo en ocasiones puntuales. Yo, desde que empecé BUP en un colegio del OPUS DEI, me aparté bastante de mis creencias. Sin embargo, el día que me compré mi barquito hice una promesa, que era navegar acompañando a la Virgen en la procesión marinera del 16 de julio,  día en que la sacan a la mar. ¿El motivo? Simplemente me hacía ilusión, quería agradecer mi fortuna, y no sabía a quien o como dirigir ese agradecimiento.

No pudo ser.

Es curioso el azar que a veces nos depara el destino. Hasta el día 16 de Julio, día de la Virgen del Carmen, no tuve motor para poder siquiera salir del puerto. Sin embargo, ese día, que para mi en cierto modo era especial, pude navegar tras largos meses en dique seco.

Hace ya algunos meses, en una conversación con Miguel y Rafael, el 1º me dijo que tenía un fueraborda en su casa, en Madrid, que estaba nuevo y que no usaba. Me dijo que la próxima vez que bajara a Almería lo traería para que lo usara en tanto a él no le hiciera falta. El mero hecho del ofrecimiento me dio alegría, sin saber siquiera si se llevaría a cabo. Lo comenté en casa, y con algunos amigos. Estaba orgullosa de los nuevos amigos que había hecho, y de esa generosidad desinteresada.

Mi madre me dijo: -¡Tu estás tonta niña! ¡Pero mira qué eres inocente! ¿Cómo te va a traer un señor que apenas has visto unas pocas veces un fueraborda? ¡Desde luego te lo crees todo! Habrá sido un comentario para animarte. Mi madre es muy buena mujer, la quiero con locura, pero en ocasiones me saca de mis casillas. Aunque fuera un  comentario para animarme a mi me bastaba. Le tengo aprecio a ese hombre.

Miguel  ha mamao la mar desde chico, y cuanto cuenta sus historias su narrativa es amena, hace que parezca que navegar es fácil y lo más cotidiano del mundo. Es un tío optimista, lleno de vitalidad y da gusto verle siempre  tan pendiente de "su moza" como él la llama. Es muy nervioso, diría que impulsivo y algo que me encanta es que sonríe mucho y le brillan los ojillos al hacerlo otorgándole una expresión infantil y traviesa. Rafael, otra gran persona a la que adoro, es pausado, piensa bien las cosas antes de hacerlas, es metódico, muy práctico. Sí, diría que Rafael es un tío muy inteligente y tiene a su lado a una gran mujer. La verdad es que les he cogido un cariño  muy especial.

Volviendo al día 16,  ese fue el día que regresó Miguel, venía a arreglar la orza de su barco. Rafael apareció también temprano, y los 3, junto a mis padres que me acompañaron esa mañana desayunamos tranquilamente. Seguidamente nos fuimos al cachalote a instalar el soporte y el fueraborda que  Miguel trajo consigo. Yo estaba como en una nube. Se pasaron el día trajinando, fue un día duro para ellos. Me sentía algo inútil, no sabía que hacer, apenas me limité a mirar y sobretodo procuraba no estorbar. Hicimos (hicieron) una pausa a mediodía. Rafael se fue a casa y yo comí en el Kacao con Miguel. Después cada uno a su barco, una breve siesta y vuelta a la faena.

Acabaron a última hora de la tarde. Yo tenía un cosquilleo en la tripa, ese nerviosismo como cuando eres niña la primera mañana del día que empiezas el cole. El motor llevaba varios años sin usar y no sabíamos si arrancaría. Estaba nuevo y nunca le había dado problemas pero aún así no teníamos la certeza de si respondería. Probamos (Miguel) y ¡¡arrancó a la 1ª!!

Bueno, no sé si podéis imaginar como me sentía, al fin iba a salir mi viejo Cachalote de nuevo a la mar. Sacarlo del amarre fue complicao, había levante (pa no variar) y no respondía marcha atrás. Pero salió, ¡digo si salió! A la caña Miguel, en la proa Rafael y yo….yo seguía en una nube. Fue una vueltecita muy breve, pero en ese ratito toqué el cielo.

Entrando de nuevo al puerto sonaron los cohetes, la procesión de la Virgen del Carmen había comenzado. Di gracias para mis adentros, no sé si era casualidad, o si en los malos momentos te agarras a la fe. Solo sé que ese día mi ilusión recuperó las fuerza que se había adormecido. Esa  noche no dormí, Al día siguiente, no había salido el sol aún cuando ya estaba en pie camino del puerto. El cachalote me esperaba y lo iba a llevar de nuevo a la mar.

 Miguel me dijo días después que la gente de mar está para ayudarse unos a otros. Esas palabras resuenan en mi mente, no las olvidaré nunca, y estaré siempre dispuesta a ayudar a quien lo necesite, al igual que lo han hecho conmigo.  

Gracias Miguel. Gracias Rafael. No imáginais lo que habéis hecho por mi. Aunque ese motor no hubiera llegado, o no hubiera arrancado el agradecimiento y el cariño  sería el mismo, tenéis e mi a una amiga para siempre.

 

Grandes hombres y grandes lecciones las que me han dado.

¿Miedos?

¿Miedos?

Dicen que hay cosas que una vez que las has hecho pasa como cuando aprendes a montar en bici, que no se te olvidan. ¿Pasa eso una vez que has navegado? No me refiero a olvidar la experiencia, las sensaciones. Esas… esas no hay quien me las borre. Pero veréis, llevo ya tiempo sin navegar, ya he empezado a menear el culo para ponerlo todo a punto, dentro de 2 semanas estaré de vacaciones. Pero me está entrando el pánico. Miguel me dijo que la mejor forma de agradecimiento sería verme salir en mi barco. No le he dicho nada, pero confieso que estoy acojonada.

 

Cuando compré el Cachalote nunca tuve ni la más mínima sensación de tener miedo, ni siquiera un poquito de inseguridad. Nada, estaba dispuesta a todo, a salir a navegar cuanto antes, a aprender sola y poder ver como se escondía el sol en la bahía desde la bañera de mi barco. Es curioso, no sé si ha sido el estar tanto tiempo parada, tantas horas encerrada en esta oficina, dándole vueltas al coco. Me he dicho: Joder, si ni siquiera sé  navegar. He salido una docena de veces, y siempre con gente experta.. Veo los grifos de fondo y me lío en si están abiertos o cerrados, no sé qué aceite debo comprarle al motor, esa máquina puñetera que no quiere arrancar. ¡¡¡Son tantas cosas!!! Y al pensarlo se apodera de mi una sensación de terrible agobio, una especie de miedo al ridículo, de no estar a la altura.

Y me da rabia, tanta que siento ganas de llorar. Rara vez he llorado de pena. Cuando lloro suele ser porque algo me da mucha alegría o porque me he cabreado. Normalmente es esto último. Lloro cuando me dan ataques de cojones, como dice mi padre. Mi madre desde chica me ha dicho que soy un caballo percherón, vamos, lo que aquí llaman una huevúa. Pero no lo puedo evitar. Eso sí, después de un berrinche me quedo en la gloria, más relajada que un lama.

No sé como lo haré, como superaré este miedo tonto que me ha entrao. Lo que está claro es que tengo que aprender, y llenándome la cabeza de tonterías no voy a conseguir nada. Recuerdo el primer día que me subí a un barco. Tenía que saltar, estaba atracado de popa. ¡¡Lo veía tan lejos!!  Federico me dijo que solo tenía que saltar, sabiendo donde poner el pie todo era cuestión de confianza, que era menos de lo que parecía. Y sí, a base de atreverme perdí el miedo.  Confieso que la 1ª vez, me tiré un buen rato con tembleque en las rodillas, mi adrenalina a mil, fui incapaz de atender a las explicaciones del instructor, en esos momentos solo pensaba en como iba a bajarme ¡¡otro salto!!. Las posteriores veces que subí y bajé me reí para mis adentros, pensé ¡qué tonta! Si es un saltito de nada.

Supongo que es eso, que solo hay dar el salto…

La lista

La lista

¿Quieres ser rico? Pues no te afanes en aumentar tus bienes,

 sino en disminuir tu codicia. (Epicuro) 

Estoy haciendo una lista. Tengo que hacerle mil cosas al barco pero ahora mismo haré solo lo justito para aprovechar el verano.

He de sacarlo, darle la patente, revisar grifos de fondo, cambiar los ánodos (ni idea de cómo son o cuantos lleva, no he visto un cacharro de esos en mi vida). Mi idea era limpiar el casco, sanearlo entero y pintar la obra viva pero en estos momentos lo prioritario es navegar, así que eso lo dejaré para más adelante. Con la patente será suficiente de momento.

Antes de agosto ha de pasar la inspección, así que aprovecho y ya que lo saco  hago todo. El material de seguridad caducao. Hay que reponer los petardos y demás artilugios. El botiquín da pena, más de lo mismo. El prensaestopa gotea demasiado ¿eso se cambia todo o con meterle el rellenoesecomosellame basta? Igual basta con apretarlo.

El intraborda hay que arreglarlo, desde luego. Y esta misma semana me procuraré un soporte para el fueraborda. He de tenerlo todo a punto para cuando llegue Miguel, que ya me ha dejado instrucciones de cómo colocarlo. Rafael me ha dicho que donde está la escalera de baño originalmente era un soporte, y que parece bastante sólido. Quizá sea mejor aprovechar ese y poner la escalera de baño en otro lado. Este finde miraré y remiraré. He de limpiar el depósito de combustible, que por otro lado está fijo y no se puede sacar. No será tarea fácil. El WC es de los antiguos. Antes de la inspección habrá que cerrarlo. Luego… ya veremos.

¿Qué más necesito mirar para pasar la revisión sin problemas y ponerme a navegar? He llamado al Club de Mar esta mañana, hay una lista de espera de 2 a 3 semanas. ¡Qué putada!

Quería hacerle mil cosas antes de verano, ya sabéis los arranques de iniciativas que le da a uno cuando compra algo. Pero lo que no sea imprescindible esperará a septiembre de momento.

La mayor está que da pena, he de cambiarla. También quería ponerle una banda de esas azul al Génova ¿Cómo se llaman? Los metacrilatos también los miré. Y tengo la pintura para pintar el interior y la sentina comprada desde el mes pasado. Que espere la pintura. Quiero navegar.

Aún siguen puestas esas espantosas cortinas y esos cojines amorfos lucen la misma tapicería menguante-deprimente. Bueno, eso me lo hará mi papi, así que cuando él quiera. Lo malo es que él ahora empieza a viajar con mi madre. Creo que papá no podrá ayudarme de momento.

Y no quiero ponerme a hacer números, que me entran los sudores de la muerte, sobretodo al pasar por el escaparate de Roberto Verino. Tienen puesto un precioso vestido veraniego que seguro me sentaría genial, y para terminar de hacerme babear le han adjuntado al maniquí del expositor los zapatos y el bolso más bonitos que he visto en todo el verano. Me da que no voy a poder comprámelo ni en rebajas. Toca pagar el amarre, la inspección, los arreglos varios, varadas botaduras patentes anódos y a saber qué más. Las bengalas, las tiritas y los imprevistos que salgan, seguro que saldrán…. Vamos, que he de olvidarme del preciosísimo modelito. He decidido cambiar de ruta para ir a la oficina para evitar babear delante de ese escaparate. Me gusta demasiado esa tienda, la tentación es grande y yo muy débil.

 Ayer lo comentaba con mi hermano: -Joer niño, entre la boda de Miguel Angel, despedidas, regalos y caprichos varios estoy más tiesa que la mojama caducá. A este ritmo no llego ni a primeros de mes.

Él me mira serio y me dice: - Muy fácil. Subasta en Internet los tropecientosmil bolsos y zapatos que ya tienes y QUE NI SIQUIERA HAS ESTRENADO. Come en casa en lugar de comer todos los días fuera. Coge el bus en vez de taxi. Sobretodo NO COMPRES  MÁS ROPA, que no te cabe en el armario. Si te encaprichas 3 veces al día de algo, cede solo una. Si haces la mitad de lo que te digo  quizá hasta te llegue pa un barco nuevo.

Y es que el niño es un poco enteraillo, pero va a resultar que tiene algo de razón.

Por cierto, ahora que recuerdo… mi radio no funciona y no tengo gps. Sumo y sigo. ¿A  alguien se le ocurre algo que añadir? Es que seguro que me olvido de algo

De vuelta

De vuelta

"Ya estoy aquí otra vez en la orillita del mar
mientras me mojo los pies he empezado a imaginar
tu si que debes saber ¡ay si pudieras hablar!
tienes secretos que sé nunca los vas a contar..."

Al mar, Fito

Más de un mes sin escribir…

Estoy cabreada. Cabreada por mi escasez de tiempo libre, por mi falta de recursos, por mi incapacidad para  resolver algunas dificultades por mi misma. Y sobretodo siento mucha rabia, rabia porque hace mucho que no navego.

Durante este tiempo apenas he pasado por el puerto. Pero no he dejado de pensar ni un solo día en mi barco, y en la mar, esa mar que a veces se comporta como una puta cara.

 

La mar a veces es como la Carmen de Mérimée, una hembra racial que parece dejarse querer por todos pero que es inaccesible con quien no se somete a sus caprichos. La mar, en ocasiones cruel, seduce con el movimiento insinuante de sus mareas, tienta a los que estamos en tierra con danzarina espuma que nos acaricia en la orilla. Nos envuelve con aroma de agua y sal, arropa nuestras esperanzas con brisas, nos llama y atrae susurrando cantos de sirena. La mar, objeto de deseo para tantos mortales, tan de  todos y de nadie.

Ahí está ella, altiva, orgullosa, remanso de paz en ocasiones, otras implacable y salvaje. Impasible, se deja amar, pero para disfrutarla has de adentrarte en ella, nunca viene a ti ni tampoco te espera. No es como el viento, pero corta los rostros de los navegantes, no es como la lluvia, pero cala hasta los huesos, no es como el sol pero su ausencia abrasa los corazones. ¡¡Menuda bruja está hecha!!

Estos días en los que mis obligaciones me han atado a tierra he pensado en mi barco, en mis ilusiones. Quería tenerlo a punto para cuando regresara mi hermano. Ya lleva 2 semanas aquí y ni siquiera he podido ir a mostrárselo. Eso sí, desde que me convertí en armadora me asfixian más que nunca estas cuatro paredes de la oficina. El aire ahora aquí es más denso, se hace irrespirable, el ruido de los teléfonos es ensordecedor y parece que nunca se va a poner el sol. Llevo tanto tiempo sin tomar en mis manos una caña que creo que el día que lo vuelva a hacer mis escasísimos conocimientos se habrán perdido para siempre. Hoy por hoy no me veo siquiera capaz de salir sola. Y eso es lo que más me cabrea. Estoy perdiendo la confianza que tuve el día que decidí hacerme con mi barco.

Pero... basta ya de contar chorradas. Bien mirado si la mar es algo puta yo no voy a ser menos pendón (pa chula yo), y si he navegado antes, ahora que tengo barco no voy a dejar que una simple avería me fastidie. Además, tengo suerte, y unos angelitos guardianes que me ayudan y mucho. Por un lado mi vecino Rafael, cercano, solícito y dispuesto siempre a resolver mis dudas. Por otro, Fede, mi maestro que me inició en este mundo y que sé que estos días  está muy muy liado pero atento como el que más. Y  Jose, silencioso pero sabio. Y como no, Miguel, generoso, tanto que, me ha ofrecido su fueraborda. ¡¡Joer!! Qué pasada, yo aún sigo asombrada. Hasta ahora creí que los amigos se prestaban cd´s, herramientas, incluso los pisitos para hacer de picaderos en ocasiones puntuales. Pero un motor… la verdad es que va a ser mi salvación.

Bien mirado, ¿de qué narices me quejo? Será de aburrimiento, porque  con tanta ayuda y atención no debería de protestar tanto. Debe ser el síndrome premenstrual….

                                                    

Sumo y sigo (calamidades)

Sumo y sigo (calamidades)

"...tratará de hacerme tropezar
para hacerme hablar y contarselo al cielo,
y después darle fuego al pajar,
no soy más que lo que en su día viste,
mi sonrisa gris mis, mis ojitos tristes,
intentando despegar del suelo,
tol día dale que te pego..." 

 Quejíos, de Marea

 

6 y 7 de mayo

Otro desastre… sumo y sigo

Sábado normalito. Bueno, con un extra, Miguelito Epops vuelve a visitarnos. No le di mucho la lata porque ultimaba detalles de su travesía, pero siempre es una alegría ver a cofrades así de cañeros por el Puerto, y  además, con tanta experiencia siempre puedes aprender algo de él. Por la tarde nos juntamos con Rafael y Mª Eugenia a tomar unas cervecitas. Ala,  menudo lujazo de compañía tuve.

 

Por el Cachalote aportaron los anteriores propietarios de mi barco, le echaron un vistazo al motor y descubrieron en un filtro una especie de moco baboso verde… Por lo visto es una bacteria o algo así que se cría dentro del depósito, tal vez sea esa la causa de que no arranque. Comprueban que llega el gasoil hasta el inyector, nada nuevo, porque ya antes Rafael lo había comprobao. Sigue sin arrancar, y yo sin navegar. ¡¡Joer!! navegaba más cuando no tenía el PER ni el barco.

 

 Eso sí, en esta ocasión si tenía una nevera llena de bebidas para ofrecerles y unas tapillas que acompañaran ¡Ya era hora!, me incomoda que todo el mundo venga a ayudar y no tener nada que ofrecer. De todos modos apenas tengo herramientas, sólo el destornillador tipo consolador unos alicates  y un cacharro que me enteré que se llama pico de loro. ¿Llave inglesa? Ni una. Así que poco pudieron hacer, y el motor sigue en huelga.

 

Tengo hoy de nuevo prevista cena familiar, además el domingo es el Día de la Madre y sí, en casas somos como la inmensa masa de borregos consumistas que poblan este país, solo que aquí no tenemos Corte Inglés. Pero mi mami, que claro está es la mejor del mundo, no iba a quedarse sin regalo. Así que decido ir al centro comercial a comprarle algo cuando termine en el barco. Me entretengo, se me hace tarde y me dan las prisas.

 

Quito lo que puedo de en medio, y recojo unas toallas y trapos sucios para hacer la colada en casa (desde que tengo el barco me estoy convirtiendo en una Maruja total). Entre la prensa, la bolsa de ropa sucia, la de basura, la chaqueta y el hipermegabolso colgao al hombro voy cargá como una mula, y si fuera espabilada, sacaría todo poco a poco, siguiendo el dicho ese que dice: “Vísteme despacio que tengo prisa”. Pero como soy de las que aprenden a base de meter la pata pues… hasta el fondo la metí.

 

Y nunca mejor dicho, porque al fondo (del agua) fue a parar mi enorme bolso. Al ir a saltar al pantalán mi pie se enredó con algo, un cabo, una manguera, a saber… perdí el equilibrio el bolso quedó enganchado en la baranda de proa ¿el balcón? Y en esos momentos era yo o el bolso. Obviamente fue instintivo, no quería mojarme, así que lo dejé caer, y  con él 2 móviles, mi estupenda cámara, el monedero, mis gafas de Prada, (esas que tanto detesta alguien que  yo me sé), muchas llaves, 1 támpax, 1 condón, una mini agendita telefónica y un sinfín de útiles inútiles que las chicas llevamos en el bolso. Siii, la barra de labios también, por supuestísimo, aunque al Puerto vaya con la cará lavá, nunca está de más llevarla en el bolso.

 

Y ahí estaba yo, pasmada viendo como mi bolso se hundía poco a poco… Afortunadamente varios chiquillos pasaron por el pantalán y les llamé. El más grande, tendría unos 14 añitos agarró al chiquitillo de la pandilla (de unos 7 años más o menos), lo puso cabeza abajao lo descolgó, lo sumergió un poquillo y… ¡¡sacó mi bolso!! Estupendo. Les ofrecí dinerillo pa que se tomaran unos helados, pero no lo aceptaron. Eso sí, me encantó ver sus caritas de sobraos, de decir: ea…hemos ayudado a una señora… ¡¡¡SIIII!!! Los mamones me llamaron señora, aisss creo que me estoy haciendo mayor, qué vida más triste. SEÑORA… que feo suena. Decidido, no me pega nada.

 

En fin, recuperé casi todo, solo se quedó en el fondo uno de los móviles, la pulsera y mis maravillosas gafas de sol. Al día siguiente comí con Miguel, y después  Jose, mi amigo, el capullo ese que adoro tanto se sumergió por la tarde y me sacó todo menos la pulsera ¡mi héroe! (gracias Miguel por prestarnos las gafas de agua). Joselito apestaba a cloaca al salir, así que evité los abrazos efusivos de agradecimiento hasta que no se duchó ¿Cómo puede oler tan mal el agua? ¡qué asco!

 

Para rematar la tarde Miguel me enseñó a purgar el motor, joer, con la de osas que tenía que preparar y ahí estaba el tío, echando un cable. En fin… visto lo visto me reafirmo, soy una chica con suerte, aún existen caballeros dispuestos a echar una mano. Gracias, de corazón.

Segundo desastre: La tonta del cofre

Segundo desastre: La tonta del cofre

Puente 1º de Mayo

¡¡Me va a dar algo!! Si algo detesto son los espacios cerrados, y las aglomeraciones. Es algo que me supera, que me pone de los nervios. Cualquier lugar que restrinja mi movilidad puede causarme un infarto. En el finde del puente de mayo estuvo a punto de darme.

Resulta que sigo con el estropajo. Por cierto mi motor aún no funciona. Los cofres de la bañera están algo asquerosillos. Y no, no es que sea una maniática de la limpieza, Pampano es testigo de cómo estaba Cachalote. En fin, lo 1º que hice es ponerme a hacerle hueco en los cofres para ahorrarme más de un apuro cunado venga un mecánico. Mi barco era para sus dueños una especie de almacén de objetos inútiles. Y el problema es que tiene mucha capacidad de estiba, con lo cual hay muchas cosas almacenadas.

Empecé por el cofre de estribor. ¿Habéis visto el típico anuncio en que salen una veintena de personas de un 600? Pues algo similar pasaba en mi barco. En fin…  según sacaba depositaba en la bañera, hasta que la convertí en una especie de vertedero o chatarrería.

Le paso una aspiradora antes del estropajo, después toca frotar. Meto un brazo, y no llego al fondo, luego el hombro,  la cabeza le sigue, el otro hombro y el otro brazo para que sirva de punto de apoyo. Cuando ya estoy cabeza abajo prácticamente haciendo el pino el exceso de sangre se acumula en esta cabecita hueca mía.Y aún así no alcanzo al rincón más inaccesible. La sensación de agobio empieza a aparecer. Además por pocas tetas que tenga una, las tiene delicadas, y resulta doloroso tenerlas aplastadas contra algo  peor aún si es contra el borde del cofre. Opción B…. cambiar de postura, intentar meterme dentro en cuclillas y restregar a ciegas. Así hago y todo empieza a funcionar bien hasta… que me da un terrible calambre en el gemelo derecho. El músculo se pone rígido, el dolor es agudo, insoportable. Trato de salir del cofre, y para mi terror estoy atascada. El pánico apareció, quería salir de ahí, pero era incapaz de moverme, del cofre solo asomaba mi cuello y cabeza. Intento de relajarme para que pase el dolor, respiro hondo, pienso en lo bien que estaré cuando llegue a casa y me de un merecido baño caliente.

A todo esto pasa el curioso de turno. En Almería hay un personaje muy típico y tópico. Los que en otros lados se les llama cotillas (los catalinos les dicen chafarderos) aquí son conocidos por “goleores” . El goleor o jocicón almeriense (entiéndase oleor o hocicón) es aquel que no tiene nada mejor que hacer meter siempre las narices en el espacio ajeno. Tienen que llevarlo tó palante. Y esta vez no fue distinta, alí tenía un claro ejemplar de “goleor” que se acerca y me pregunta con sonrisa estúpida: -¿Puedo ayudarte en algo?

En esos momentos mi orgullo (si es que aún me quedaba algo) hizo que soltara una risita nerviosa y contestara: -No, lo tengo todo controlado. Solo estoy arreglando unas cosillas y puedo sola. Gotas de sudor corrían por mi frente, estaba pálida. ¿A quien iba a engañar? Necesitaba urgentemente a alguien que me rescatara, sentía unas terribles ganas de gritar. Ahí estaba yo, en una atascada de hombros para abajo dentro del cofre de un barco. ¿quién demonios me mandaría meterme ahí dentro?.

Cuando el goleor se alejó el pánico aumentó. ¿Y si no puedo salir? ¿Y si tienen que sacarme los marineros de este cofre? ¿Y si no viene nadie a sacarme? Por supuesto no iba a consentir eso, bastante di la nota el pasado finde. ¿Qué hago? Confieso que a punto estuve de llorar, rabia impotencia… y pánico a que me descubrieran en esas circunstancias tan estúpidas. Una tiene su dignidad, aún… al final el calambre cesó, me relajé y no sé ni como pude salir (supongo que del mismo modo en el que entré). Me temblaba todo. Siento fobia a los espacios cerrados ¿lo he dicho ya no? Pues eso…. Al menos no tuvo que acudir nadie con sierra en mano a terminar de destrozarme el barco

 

En fin, al final decidí tomarme un descanso. Me lo merecía. Al día siguiente más de lo mismo. Estaba sucia, llena de grasa, arañazos, espeluzná, con ropa vieja llena de lamparones. Caía la tarde, la hora más agradable, en la que gusta sentarme en la bañera, y así hice a pesar de mis pintas. No esperaba a nadie, era mi ratito de disfrute. En esos momentos noto que me observan. Un amigo, Jose, llevaba un rato mirándome desde el pantalán, venía hecho un pinchito ¡¡¡y yo con pinta de indigente!!! Y pa que nos vamos a engañar, lo del look natural churretero no va nada conmigo, así que nuevamente mi frágil orgullo sufrió otro palo. Una es una princesa de las de rimmel y barra de labios joer…. Y encima joselito no ayudó. Lo 1º que hizo nada más verme es preguntar que donde estaba Marga, y decir que tenía un aspecto terrible, que si no me daba vergüenza estar así. Creo que Jose es algo gilipollas, ha dejado de simpatizarme. Bueno, no…. La verdad es que Jose es adorable pero sigue siendo gilipollas que conste (que nooo, que es un encanto) Guiño.

Primer desastre

Primer desastre

 Si yo nací marinero,
¿por qué me teneis aquí,
si este aquí yo no lo quiero? 

Rafael Alberti
 

El sábado no pude escaparme, convención en el Barceló Cabo de Gata de El Toyo. Una de esas aburridas reuniones laborales en la que te toca en la mesa sentarte  al lado de un un pesao que no para de dar la brasa. Encima no se podía fumar en el hotel, había que salir a la calle y para colmo estaba lloviendo a mares, además estrenaba sandalias de tacón que patinaban en el suelo mojao y encima mis pies acabaron chorreando. Detesto tener los pies fríos. Por la noche cena en el Bellavista con mi hermano, la novia y ambas familias, que están ultimando los preparativos de la boda del mes que viene. Qué asco de tanta comida ¿es que la gente no se harta de comer? Por la noche volvió a llover y yo con el alma en vilo porque estaba diluviando ¿cómo estaría mi Cachalote?.

El domingo, como siempre compré la prensa y fui a tomar café bien temprano. De ahí al barco. Cuando llegué noté que, a pesar de la lluvia, estaba mucho más blanquito,  se notaban las pasás de restregar que había dado. Me pongo manos a la obra, también quedo con Britt, mi amiga, que ha navegado bastante. Cuando llega le muestro el barco, nos tomamos unas cervecitas y salimos a comer. Ya antes de los cafés nos empezamos a animar para navegar, yo estoy frita por sacarlo, a pesar de tener el casco y  la hélice llena de caracolillos, a pesar de no haber zanjado aún todos los trámites pertinentes al cambio de titularidad, y sobretodo a pesar de desconocer aún mi barco. Pero nosotras, más chulas que nadie ahí estábamos, dispuestas a surcar los 7 mares si hiciera falta.

Ya de entrada no fuimos capaces de abrir el tapón del depósito para comprobar si tenía combustible. Un marinero que pasaba por allí nos lo abrió, nos miró con cara de… bueno, nos miró, y nos preguntó muy serio si es que pensábamos salir tal y como estaba el día. Ufff, creo que ahí nos crecimos, porque Britt y yo nos miramos sonriendo con aspecto de sobradas ¡¡menudo par de pardillas!! El viento pegaba muy fuerte, y claro, yo sabía que mi barco necesita una buena limpieza porque el timón apenas responde. Pero me moría de ganas por salir, aunque solo fuera pegada al puerto.

Para nuestra desgracia, o fortuna, (creo que es más exacto esto último), no llegamos muy lejos (10 metros tó lo más). Arranco el motor, lo dejo calentar un poquito, soltamos amarras, marcha atrás, sale un poquito el barco y aún allí dentro el viento nos empujaba, la caña apenas respondía, empiezo a oler a quemado, del escape sale humo blanco y… se para el motor. ¡¡¡Joder!!! Estaba allí, a menos de 10 metros del amarre y no era capaz de controlar el barco. Nos las vimos y nos las deseamos para no dar con un pantalán, aún así si nos dimos contra las hélices de los fuerabordas de algunos barcos vecinos, a pesar de nuestros esfuerzos por evitarlo.

Yo sufría no sólo por mi barco, sino porque me veía comprando motores a todos los vecinos. Pa colmo, un italiano (lo deduzco por el acento) con pinta chulo, pantalones y zapatos blancos, cadena perro de oro en el cuello y sortija también de oro nos pregunta con una sonrisa guasona si necesitamos ayuda. Le pregunto si entiende de motores o si tiene alguna idea de cómo ayudarnos. Nos dice que no, y me lo quedo mirando con una de esas miradas de reojo que atraviesan. Encima los curiosos se amontonaban para mirar el espectáculo, éramos monigotes a merced del viento.

Avisé a los marineros, llegaron dos, y aún así les costó mucho trabajito volver a ponernos en el lugar del que no debimos salir. Lo peor fue la mirada de “ya te lo dije” que me echó al marinero que un rato antes me aconsejó estarme quietecita. Me sentí estúpida e inútil. En fin, el costado de estribor lo he arañado bastante, el motor no arranca y espero haber aprendido la lección.

Al final Britt y yo acabamos en la bañera tomando unas (más) cervezas y nos fuimos de juerga por los garitos del puerto. En un bar había una fiesta de tequila El Cuervo. Creo que he de cambiar de amarre, ese puerto tiene mucho peligro para alguien que le gusta la juerga.

Por cierto… cada vez que me cruzo con el marinero por el puerto me mira y  sonríe (vamos , que se ríe de mi en toda  mi cara)  Y aunque le sobren los motivos. ¡¡¡Me da mucho coraje!!!

Zafarrancho de combate. Día 2

Zafarrancho de combate. Día 2

9 de abril de 2006

El domingo de nuevo madrugón. ¡¡¡Uff!! Olvidé meter ayer las fundas en la secadora, le doy un aclarao y las meto en la secadora  mientras voy a  por la prensa, a máxima potencia, así estarán secas en menos de 1 hora.

De camino al puerto sufro: ¿lo dejé ayer todo en orden? ¿y si se ha soltao algo? ¿Recogí la manguera? ¿cerré el grifo? Al llegar suspiro aliviada, el Cachalote sigue ahí, y aún flota. Me voy tranquila a tomar café y me encuentro con Pampano y su almiranta. ¡¡Joer, que majos son!! Esa pareja mola mucho.

De vuelta ya en el barco me  muero de ganas por probar mi destornillador tamaño consolador. Elijo una cabecita pa meterle y 2º contratiempo, nada más estrenarlo ME CARGO EL CACHARRO. La cabecita que le he metido se ha quedado atascada, claro, es que en las instrucciones no pone por ningún lao que hay que meterle una pieza de empalme entre el mango y la cabeza destornilladora. Esto del bricobarco es algo más complicao de lo que parecía en un principio. En fin, me resigno y emprendo el camino hacia el Sureño, y allí Rafael se encarga con las pinzas del botiquín y una gran dosis de ingenio de sacar la pieza. Me enseña algunos rincones de su barco, lo tiene que da encanto, es un tío muy organizado, un perfeccionista, eso está bien, y es modesto, a pesar de tener grandes conocimientos.

Vuelvo de nuevo al Cachalote y lo 1º que me dispongo a hacer es ponerle las fundas recién lavadas a las espumas, empiezo a meterlas, cuesta mucho, lo vuelvo a intentar, ¡¡joer, no entran!! Me pongo a echar maldiciones entre dientes en plan gitanita canastera. Tras 40 minutos de un feroz cuerpo a cuerpo luchando con las espumas  (una es cabezota) llego a la conclusión de que me sobra 1 palmo de espuma por cada lao ¿o es que habrán encogido las fundas en la lavadora? Me da que va a ser lo último, no sobra espuma, falta tela. ¿Y qué demonios hago ahora? No, no pienso cabrearme, unos palmos de déficit textil no me van a dar la mañana. Solución: agarro mi cutrenavaja multiusos ¡¡al fin, que ganas tenía de usarla!!  Y descargo mi energía negativa ensañándome con el colchón que excede. Dicen que siempre hay un roto para un descosío ¿no? Pues eso, ¡¡a romper!!

Al fin consigo que entren las fundas, todas limpitas y perfumadas. Han menguao un poquito, eso sí, pero... ¡¡que demonios!! Igual estoy innovando en decoración de interiores y creo escuela. De todos modos, esas cortinas y la tapicería son espantosas, hay que cambiarlas ¿qué género será el más adecuado? ¡¡Cuantas dudas!! Decidido, no

Pampano y su almiranta me visitan, y vienen cargados con unas coronitas bien frescas que  traen de su barco. Pienso... ¡¡vaya mierda anfitriona estoy hecha!! Yo no tengo nada que ofrecerles, excepto agua (anoto mentalmente que he de comprar una nevera). Rafael descubre una toma de corriente en la popa. Dedico la tarde a seguir descubriendo rincones ocultos, no tengo ganas de darle al estropajo. Hago fotos, ¡¡tengo mil cosas por preguntar y no sé explicarme!! Tendré que ilustrar de algún modo mis preguntas.

El día ha terminado. Un pellizquito de amargura aprieta. Mañana es lunes y debo regresar a la jungla. Volveré enunos días, aún así, se me va a hacer eterno....