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Carena

Rescate en Carboneras

Rescate en Carboneras

"pero todavía tengo el poderío
de ponerle lindes a este mar bravío
y a esta luna que se mengua,
de lavar heridas con solo un lamido,
de matar quimeras si hacer ni un ruido,
de perderte por la lengua..." 

(Marea)

 

Este último finde ha sido algo distinto.  

El viernes 20 volvió a venir Javier, el Piratacojo, a las áridas tierras de Almería. Siempre es una alegría tenerle por aquí, cuanto más se le conoce más se le quiere. Ese viernes a mediodía me llamó diciéndome que se iba a retrasar un poco en su llegada porque un camión le había dado un leñazo al coche. ¡Y menudo leñazo! Cuando vi el coche… ¡estaba destrozao!. Pero bueno, Javier siempre con la sonrisa en los labios le restó importancia al asunto, me dijo que seguía su ruta hacia el sur, porque volverse a casa no le iba a solucionar nada y  prefería estar cerca del mar. Ese chico lleva salitre en las venas, os lo digo yo, que lo voy conociendo.

Nada más llegar ya estaba revisando cosas en el barco. El fueraborda, al estar subido en el soporte se había quedado inclinado a babor y no había modo de ponerlo derecho. Me viene bien todos esos arreglos, pero prefiero que se relaje y disfrute de su estancia, aquí se viene a navegar no a currar. No trasnochamos, queríamos salir al día siguiente temprano y debíamos hacer algunas cosillas antes. Cenamos en el bar de Manolo, una de sus frituras de pescao, mientras a nuestro alrededor pululaban un par de gatos del puerto con cara de hambre. Después a dormir. 

La mañana del sábado le llamé temprano para quedar. Javier conoció a  un marinero, supe en seguida que era Elías. Javier le vio en el pantalán y le llamó preguntándole sobre el motor que no giraba, y a gritos, como en su día le dijo a Miguel Epops le  soltó sin mirarlo: -¡Es que esos motores son mu malos!. Cuando me lo contaba Javier me tronchaba de risa. Fue lo mismito que le dijo a Miguel.  Javier es el chico de las onomatopeyas. Cuando narra alguna cosa la ilustra con muchos plof, zas, placas… y resulta de lo más gracioso, tiene unas caídas buenísimas.

Perdimos la mañana del sábado entera dando vueltas. Desayunamos en la Habana del Zapillo. Fuimos a comprar algo de pan y ron (entre otras cosas) para la travesía. . Repostamos. ïbamos sobrados de gasolina, llevaba el depósito de 25 L a medias y nos hicimos con 40 litros más. Pasamos por una motonáutica para comprar las bujías y allí compré también aceite. 

Ya en el barco Javier cambió las bujías y las que quitamos las guardamos por si acaso puesto que aún funcionaban. En ese momento le llamó Bernardo y al enterarse que estaba en Almería se apuntó. Nuestra idea era salir esa misma mañana, pero ¡qué demonios! Merece la pena esperar si es para que alguien más pueda navegar. Así que al final Javier y yo nos quedamos a comer en el puerto, una paellita buenísima, y un pacharán digestivo.  

Bernardo quedó en que llegaría sobre las 6,  así que fuimos al barco tras comer y pusimos musiquita, hablamos de lo humano y lo divino nuevamente con una copita de crema Bailleys. Montamos el wc  portátil del lidl, que aún estaba sin estrenar, más que nada porque las chicas lo tenemos más complicao para hacer pis a bordo (o por la borda), y también porque pensé que quizá Bernardo, que es jovencito le cortaría orinar delante mía. De lo que se trataba es de pasarlo bien sin que nadie se sintiera incómodo.  

Bernardo llegó con 2 horas de retraso, alegando que le habían dao un porrazo por detrás en el coche, afortunadamente no pasó nada puesto que el porrazo fue por detrás y llevaba bola de remolque. Ya lo teníamos todo preparao pa soltar amarras. Pusimos rumbo al cabo, el viento de poniente había amainado bastante. Llevaba ya 3 días pegando muy fuerte. Mis dos hombres de a bordo no se parecen nada entre sí, son completamente opuestos. Javier más de cuarenta, moreno, pequeño de constitución, delgado y nervioso. Bernardo menos de veinte, rubio, grandote de altura y anchuras y tranquilón. Yo era algo así como la parte intermedia, 31, pequeña, ancha Burla con tetas y sin pene.

La noche estuvo bien, tomamos algo, charlamos, reímos, puse el cd de los Deep Purple. Y tuvimos que tirar de motor. Yo me acomodé en un rincón de la bañera, había tenido una semana dura y estaba cansada. Entré en uno de esos duermevela en los que a ratos pierdes la consciencia y entras en una relajación total, en la que oyes voces como si fueran muy lejanas. Llegó un momento que el sueño me venció y eché una cabezadita. Desperté envuelta en una mantita. No pregunté quien se encargó de arroparme, doy por hecho  que fue Javier, que siempre está atento a todo.

Bernardo, el junior de la tripu se bajó a dormir,  fue entonces cuando Javier y yo decidimos emprender la vuelta, puesto que el niño había dicho que debía estar en casa para la hora de comer, así que mejor ir tranquilos. Javier no me quiso dejar sola, y se acopló con el saco de dormir en la bañera no sin antes hacerme prometerle que a la mínima que me viera dudosa le despertara. Al menos resulta traquilizador llevar a alguien al lado, aunque me apuraba porque era una noche fría y la bañera es incómoda para estar mucho rato tumbao.

La verdad es que ese rato lo disfruté, como siempre que me quedo allí en silencio, aunque me costó mucho vencer el sueño, los ojos se me cerraban y fue algo duro, tenía que centrarme en el barco, en esos momentos era la responsable de llevarlos de vuelta a casa. Para colmo un puñetero dolor de ovarios y riñones empezó a agudizarse, ¡estamos buenos! La regla se adelantó, tan inoportuna como siempre. Quería bajar a ponerme un tampax pero los dos chicos descansaban. Pasé un mal rato, el dolor era fuerte y el sueño me amenazaba, esperando pillarme en el mínimo descuido. Fueron momentos que se me hicieron eternos.  Pero, comprobao, ser pirata no está reñío con ser mujer. Y una es mu mujer ¿alguien lo duda? Burla

Al fin Bernardo despertó y asomó la cabeza medio endormiscao y creí ver a Dios, le dejé a la caña en cuanto subió a la bañera, ni tiempo de espabilarse tuvo. Quería cambiarme de ropa interior, y de paso de pantalones, demasiado finos y mojados por la humedad de la noche. He descubierto que llevar toallitas húmedas de bebé a bordo te puede servir para mil cosas aunque en esos momentos lo que más ansiaba era agüita caliente y jabón. Busqué una pastilla de ibuprofeno para aliviar el dolor que no menguaba y volví a la bañera del cachalote.  

Le pedí a Javier que bajara a descansar un rato, que ya me quedaba  yo con Bernardo. Este puso en marcha el motor. Me acoplé en la bañera con el niño y cerré los ojos sin dormir, a la espera de que el anti inflamatorio que acaba de tomar aliviara algo el dolor. Al rato me vino olor a quemao, miré el motor y es que al arrancar no había metido el botón ese del aire, starter creo que es,  del que se tira antes de arrancar. Se lo comenté al niño, y me dijo que no tenía importancia, él sabría más  que navega casi siempre a motor pero aún así le dije que lo cerrara  pa quedarme más tranquila. 

Habíamos dado caña al motor y el consumo de gasolina se notó. ¡Sólo quedaban 10 litros! Así que decidimos ir a vela aunque el viento no nos era favorable, debíamos dejar ese combustible para caso de emergencia. Amanecía y ya estábamos a punto de bordear el cabo para pasar a la bahía. La corriente de poniente nos hacía avanzar muy poco, y Bernardo empezó a ponerse nervioso. Nos recordaba constantemente que él debía estar sin falta a mediodía en casa. Algo no me cuadraba en sus nervios, y le pregunté lo que me temí nada más verle en ese estado: -¿Saben tus padres donde estás?.  El niño había dicho a sus papis  que se iba de cena con amigos a Águilas. ¡Jodeeeerrrrrr! Todos hemos podido meter trolas a los padres, sobretodo yo  que cuando estaba en plena edad del pavo mis padres no eran estrictos, eran la santa inquisición, pero en ese momento pensé que irse a navegar con unos desconocidos a otra ciudad sin siquiera comentarlo a nadie es algo serio. No es lo mismo salir al mar en un barquito de vela que irse de juerga con los amigos en tierra firme. O tal vez para mi no era lo mismo porque era mi barco y en cierto modo me sentía responsable de un chaval tan joven.

Arrancamos el motor para avanzar un poquito más rápido, solo el tramo que nos faltaba para cruzar el cabo, y el motor dejó de funcionar. Berna se puso un poco nervioso. Insistía en que llamásemos a Salvamento Marítimo, idea a la que me opuse, puesto que no había motivos. Pensé: vamos en un velero, navegamos, lentos pero navegamos, no corremos ningún peligro, ¿cómo vamos a llamar a Salvamento Marítimo? No, definitivamente evitar las broncas de unos padres no era motivo para movilizarles, más aún cuando están ahí para sacar a gente que esté en apuros de verdad. Le tratamos de tranquilizar explicándole que no pasaba nada, que sólo iba a llegar tarde a casa, le dijimos que llamara a casa antes de que fuera tarde para evitar que su familia se preocupara. El llevar a un crío en un barco sin que lo supieran sus padres era algo que me incomodó mucho. Y no me gustan esos marrones en mi barco, y se lo dije para que la próxima vez no metiera a nadie en ese lío.

Intenté darle un "suave" sermón, y me acordé de aquella vez con 17, que le dije a mi madre que iba a dormir el finde a casa de Sonia, y tiramos pa Zaragoza en plenas fiestas del Pilar, y de aquella vez que me fui pa Murcia en la misma moto del mismo churri que en esa época me tenia tontita. Aissss como me gustaba la edad del pavo, todo el día en una nuebe. Aunque... ahora quelo pienso, las cosas ocambian mucho. Yo también le he metido trolas a mis padres para ir donde no me dejaban (no me dejaban ir a ningún lao). Pero el mar… joder es distinto, sabes cuando sales pero no cuando vas a regresar. Y suponía que este niño debería saberlo, puesto que ha navegao. El problema es que por mucho que navegues, si no maduras pues no sirve de nada.  Tal vez es que me hago mayor, y veo las cosas desde otra perspectiva. Aunque claro, el fallo es mío por considerar que podía tratar a ese chaval como a un adulto, ahora en frío lo pienso y digo: 19 años, estudiante, no ha volado aún del nido... es un niño. Pero eso sí, seguiré llamándole al orden cuando sea necesario, porque hay que espabilarlo un poquillo y porque soy así de machacona.

Tuvimos que acercarnos a unos pescadores tras la insistencia de Berna para preguntarles si nos podían remolcar al cabo, aunque  ya sabíamos la respuesta de antemano: Estábamos allí, navegando a vela, no había peligro, y ellos estaban echando una placentera mañana de domingo con sus palangres y demás avíos de pesca. Los pescadores dijeron que estaban pescando, que les preguntásemos a otros que hubieran por allí. Bernardo lo intentó, haciendo señales con los brazos a todos los  que se arrimaban pero nadie nos hizo caso. Hubo un momento al verle moverse así que pensé pa mi: si nos cruzamos con un Quijote seguro que le confunde con molinos de viento que se transforman en… ¿en qué se transformaban los molinos del Quijote? Ufff que lapsus, ¿llevaría alguna sustancia alucinógena el red bull? supongo qué no sabía ya en qué pensar.   

Lo intentamos por radio pero tampoco respondían. El niño empezó a asustarse. Tenía miedo, pero no a que nos pasara algo, puesto que no corríamos peligro alguno, sino a la bronca que le iba a caer en casa. Empezó a sudar y  se pellizcaba los dedos nervioso, y  los metía dentro del winche. Verle así me ponía nerviosa, era una situación incómoda para todos. Sugerí la posibilidad de bordear el cabo alejándonos más de la costa, que igual no habría tanta corriente pero desecharon la idea,  y yo ahí me tengo que callar porque soy la inexperta.   

Llamé a Federico, que conoce la zona, y sale con los alumnos de PER a las prácticas por la bahía. Pero no estaba en la zona, ni siquiera cerca del mar. Llamé al cofrade Frank, que también conoce la zona y a mucha gente, pero no di con él hasta la noche. Y finalmente llamé a mi querido Rafael, que me daba mucho apuro porque siempre le molesto, pero temíamos que al niño le diera algo, comentó  que se podía poner malo en cualquier momento, que si es hipertenso... Y no quería llamar a Salvamento Marítimo y mucho menos por una crisis de pánico filial.   

Rafael nos dijo que iba a disponer todo para salir a buscarnos con su Pámpano. Que tardaría el tiempo de ir al puerto, agarrar chalecos y demás material de seguridad, y repostar. Al fin la cara del niño cambió, hasta el color, se recuperó nada más saber la noticia. Si quieres gozar de buena salud ten un teléfono móvil a mano.Ya estaban todos los (sus) problemas resueltos y al fin accedió a llamar a casa pero para  excusar su retraso. Hubiera preferido que dijera la verdad, más que nada por si seguían surgiendo contratiempos, no me gustan las mentiras, pero bueno, pa la próxima a los jovenzuelos les pediré una hojita con una autorización  firmada de los papis como esa que nos metían las maestras en la cartera del cole de pequeñitos antes de ir de excursión.  Pero bueno, respiramos tranquilos y las caras largas desaparecieron.

 Como ya volvió todo a la “normalidad”, comimos tranquilamente mientras seguíamos intentando avanzar a vela. La corriente era criminal cuanto más nos arrimábamos al  cabo, más nos hacía retroceder. Al cabo de una hora llamó Fede que estaba preocupado. Me sentía mal por haberle dado un susto. Y también llamó Rafael, que iba a bordo del Pámpano, para exponernos como estaba la situación por Aguadulce. Había fuerte marejada, olas de más de un metro, la mar completamente blanca de borreguillos, el poniente pegaba muy fuerte y demasiada corriente. Y la cosa pintaba a peor. Aún así preguntó que tal estaba por nuestra zona porque iba de camino. Dudaba  si podría traernos con ese tiempo. Nosotros estábamos tranquilitos,  con borreguillos muy muy dispersos, el único problema que teníamos era la corriente, demasiado fuerte para avanzar a vela. Noté a Rafael  inseguro, cosa muy normal por lo que nos contó, así que le dije que se diera la vuelta y que ni se le ocurriera venir. No estaba dispuesta a que Rafael se la jugara. 

Bernardo en ese momento tuvo una reacción algo egoísta, o tal vez infantil.... Lo 1º que dijo fue ¿y MI RESCATE QUÉ?- ¿Su rescate? Hay que joderse ¿qué rescate? El único peligro que corría en esos momentos era que su padre le diera un buen par de hostias que  igual hasta le hubieran venido bien pa espabilarse. En esos momentos sentí fastidio, pero Javier se mantenía sereno, y esa tranquilidad que transmitía me ayudaba a contenerme, enfadarme dentro del barco no iba a solucionar nada,  sólo crearía más tensiones. ¿Sabéis la mala hostia que puede llegar a gastar una mujer con la regla en un espacio tan pequeño cuando se enfada? "Semos" peligrosas. Me sentía mal conmigo misma: había sacado a un cofrade  al mar con un temporal de poniente a jugársela, y él corría más peligro que nosotros. Había forzao el motor hasta el punto de romperlo. Hice que Federico se tirara toda la tarde preocupao tras mi llamada. En cierto modo se torció finde que se presentaba la mar de tranquilos. Y todo por no tener el barco a son de mar y haberme cerciorado de que nadie tendría problemas en caso de que se complicaran las cosas. 

Al final no nos quedó otra que hacer lo que hubiéramos hecho en un principio de no ser por las prisas, poner rumbo pa San José, más en esos momentos que sabíamos que nos venía una buena del otro lado del Cabo. El plan: Buscar  refugio allí tranquilos y  pagarle un taxi al niño hasta Aguadulce para que recogiera su coche y se fuera a casa. Así que pusimos rumbo al Este y con las velas a orejas de burro avanzamos a toda leche. El mar estaba empeorando por momentos, y nos pasamos San José sin darnos cuenta. No íbamos muy pegaos a la costa ni llevábamos gps. Siempre me hablaron de las corrientes del cabo pero ¡¡es peor de lo que imaginé! Tardamos 3 o 4 horas desde  pasado el faro de cabo de gata hasta carboneras, un tiempo récord pa mi cachalote. 

Pero bueno, estábamos ya cerca de un puerto, así que daba igual si era San José, Carboneras, o Gibraltar (español). En fin… entrar a Carboneras fue toda una odisea. Hay 3 puertos. Los 2 primeros comerciales,  uno de energía y el otro de cemento. El pesquero no lo veíamos, era el último que lindaba con el pueblo. En los 2 primeros apenas había luz. El tiempo estaba muy feo, mucho viento, demasiada corriente y poco gobierno sobre el barco. Entramos en los dos. Apenas veíamos nada, los muelles eran muy altos, salimos de allí. En la bocana del segundo el viento nos llevaba donde quería, tanto que empujó a mi cachalote hacia un espigón de enormes y espantosos bloques de hormigón. Fueron  instantes que se me antojaron a cámara lenta. El barco se iba irremediablemente contra las rocas, y yo ahí, en el balcón de proa con un inútil bichero en la mano pensando: -¡Se acabó, se va todo al carajo! 

No sé ni como, pero si existe Dios esa noche estuvo de nuestra parte. Javier rápidamente trató nuevamente de arrancar el motor y  ¡¡arrancó!! Aún así la corriente era más fuerte, y seguíamos directos hacia el espigón. A falta de unos metros escasos, casi podía tocar las piedras el barcó logró salir de la bocana. En ese momento me bloqueé, tenía el corazón a mil, latía tan fuerte que amenazaba con reventar. Mi primer susto naútico. Probablemente me vino bien, no me asusta el mal tiempo, me siento segura en la mar, pero ese momento, aún lo tengo presente. 

La situación no mejoraba, así que llamamos a la guardia civil del puerto, para que nos orientara, y puesto que ese es un pueblo pequeñito, para ver si algún marinero de la zona podía salir a ayudarnos. Nos atendieron amablemente, y nos dijeron donde se encontraba la entrada al puerto pesquero, ya que no dábamos con ella. También nos cruzamos con un pescador ,  a unos 300 metros del puerto , pero nos dijo que no podía remolcarnos, y era cierto. Nos avisó que anduviéramos con cuidao al entrar con la piscifactoria que había al lado, y que le siguiéramos visualmente para ver el modo de entrar. Parecía fácil, y el viento ahí a resguardo parecía amainar. Pero sólo parecía. Cuanto más cerca estábamos de la bocana, más ingobernable era el barco, literalmente nos tiraba patrás y a vela hacíamos lo que podíamos.  

Bernardo no veía el momento de llegar a tierra, se le veía ansioso y me preguntaba por los números de taxi . Javier se mantuvo en su línea, sereno  pero hubo un momento en que se le empezó a agotar esa infinita paciencia de la que hace gala. Yo bajé a llamar a los de protección civil y el niño no sé donde estaba. Y escuché un tono serio de voz de Javi por 1ª vez llamándonos al orden, y con razón. Cada uno íbamos a lo nuestro y nada hacíamos productivo. 

En tanto esperábamos a que vinieran por nosotros seguíamos intentando avanzar. A mi me preocupaba acercarnos demasiado a tierra porque aún estaba fresco el susto del espigón. Estábamos cansaos pero ya tranquilos. La zodiac nos remolcó y nos dejó amarraos en  la gasolinera del puerto pesquero.  La policía Local del pueblo esperaba para tomarnos los datos. Antes de que pudieran acercarse a hablar conmigo Bernardo ya había saltao del barco a pedir que les llamaran un taxi, estaba loquito por irse a casa. Javier como siempre haciendo amigos, se enrolló con los de protección civil, unos chicos muy majos, y les habló de la Taberna, y da gente tan estupenda que allí entra, les invitó a unirse a ella y les contó un poco nuestra historia. Desde luego como relaciones públicas no tiene precio. Uno de los voluntarios es motero y comentó que en su colectivo pasa lo mismo, se conocen entre todos de un modo similar. 

Mientras un poli me tomaba los datos el otro trataba de encontrar un taxi pa Bernardito. Lástima que no dieran con ninguno en servicio en el pueblo tan tarde y tuviera que esperar una hora más a que nos recogiera uno de Almería, pero a mi me vino bien porque no estuve sola. Recogimos un poco, y fui a darles dinero a los voluntarios de Protección Civil. No quisieron aceptar nada a pesar de nuestra insistencia. Nos dijeron que le mejor modo de agradecérselo era mandandando una carta de agradecimiento al ayuntamiento de carboneras. Ni qué decir tiene que agradecería a todos que colaboréis apoyando a esos chicos, que su labor bien lo vale, bien con cartas o e-mails o como se os ocurra. 

Finalmente tomamos un taxi hasta Aguadulce, el punto de salida de esta aventura. Bernardo salió corriendo, me dio 2 besos mientras me encargaba de sacar las mochilas del coche y hasta la fecha. Javier y yo nos fuimos para Almería. Estábamos agotaos, pero aún así fui incapaz de pegar ojo sabiendo a mi cachalote tan lejos. No sabía que pasaría, que me encontraría cuando fuera a por él. Y tenía que arreglar el motor, me comprometí a cuidar bien de él. Y hacia una y mil listas mentales de todo lo que necesitaba mi barco con urgencia. Y pensé en lo que pudo llegar a pasar. 

Eso sí, he salido de ésta, y con la lección aprendida: el barco siempre a son de mar. Y no sólo eso, ahora sé que he de ser más selectiva, saber a quien subo a bordo del barco, que la gente es muy "guachi" en tierra, pero para navegar has de mirar muchos otros aspectos de las personas. Es preferible quedar un poco mal no admitiendo o exigiendo ciertas cosas antes de subir a algunos que terminar mataos vivos después de una travesía. Ahora también sé que si la cosa se pone fea yo soy la armadora, así que se hace lo que yo decida y por lo tanto he de ser más firme en mis decisiones y cortar el rollo desde un principio a los que se pongan tontos. Este finde hemos sido una tripu muy dispar unos de otros, y en los malos momentos las diferencias se hacían más evidentes aún. A ambos cofrades les debo dar las gracias, porque cada uno en su línea me ha enseñado qué actitud debo tomar en un futuro al mando del cachalote. 

¡Ah! Y casi tengo un master ya en bujías: limpieza reparación mantenimiento y cambio. Y ahora que lo pienso… me pregunto qué tal me sentaría un mono de mecánico Guiño 

 

El agua, clara.

El agua, clara.

 "Hoy vas a ser la mujer que te de la gana de ser
Hoy te vas a querer como nadie te ha sabido querer
Hoy vas a mirar pa´lante que pa´ atrás ya te dolió bastante
Una mujer valiente, una mujer sonriente mira como pasa

Hoy no has sido la mujer perfecta que esperaban, has roto sin pudores las reglas marcadas
Hoy  te has calzado tacones para hacer sonar sus pasos
Hoy sabes que su vida nunca más será un fracaso

Hoy vas a descubrir que el mundo es sólo para tí
que nadie puede hacerte daño
Hoy vas a conquistar el cielo sin mirar lo alto que queda del suelo
Hoy vas a ser feliz aunque el invierno sea frío y sea largo
Hoy vas a conseguir reirte hasta de tí y ver que lo has logrado
Hoy vas a dcomprender que el miedo se puede romper con un sólo portazo"

Ella (Bebé)

            

Desde que entré en este mundillo he confirmado algo que desde fuera se intuye: parece un mundo mayoritariamente masculino.  Pero no todo es tan simple como se aprecia a primera vista. Detrás de grandes hombres siempre hay alguna mujer, aunque esta no siempre esté a la altura.  Y son las que llevan el gobierno. 

Soy de las que creen que la diferencia no está solo en el sexo, esto es secundario, el gran problema lo tenemos en la estrechez mental.  Es innegable que aún llevamos en nuestros genes siglos de sumisión, y eso marca. Somos las grandes segundonas de la humanidad. Pero siempre ha habido y hay mujeres más “evolucionadas” desde tiempos remotos. No me refiero solo a grandes heroínas. No, es mucho más simple. Esas mujeres quizá no son todas grandes luchadoras, quizá no hagan algo que las destaque en la historia. Son simplemente  mujeres conscientes de lo que son, mujeres, seguras de sí mismas, capaces de que nadie las haga sentir inferiores y sobretodo que gustan de saborear de su libertad como individuo (iba a poner individua, pero temo que no hemos alcanzado el grado evolutivo suficiente,y  esa palabra puede sonarle a más de un@ malsonante).

Estas mujeres de las que hablo, sin hacer grandes cosas logran cambios que a veces ni siquiera son apreciables a corto plazo, pero poquito a poco, generación tras generación logran que el género femenino rompa las cadenas que les ata a la sombra de los hombres.Y este tipo de cambios son lentos, apenas perceptibles. 

Esto que escribo no es un alegato feminista. Dios me libre. El por qué hablo de mujeres hoy en lugar de contar algo sobre mi cachalote es muy simple, me cansan ciertas actitudes. Y si, tras leer este post consigo que alguna de las “algunas”  entienda lo que quiero expresar, aunque solo sea una me habré dado por más que satisfecha. 

Cuando configuré el perfil de la taberna busqué un avatar femenino y marino. Y pensé en una sirena.  Claro, pero es que esta no era la sirena de Walt Disney, esta sirena enseñaba las tetas. Yo ni me di cuenta, pero el 90 % sí. ¿Habéis visto algún pez en bikini? Luego se me ocurrió seguir el rollo con más de una broma. Cierto día un cofrade puso una foto enseñando el culo y pensé: ¡joder! Me he hartao de reír, pero ¿por qué si un tío pone una foto nos resulta la mar de gracioso y si lo hace una tía ya es en otro sentido? Y probé a hacer un amago de destape y… ¡se lió! Pero no dentro del foro, sino también fuera.  

He sufrido desde que estoy en este mundo de marineros algunos golpes de machismo. Pero nunca por parte de los hombres, todo lo contrario. Siempre han sido las mujeres las censuradoras. Anoche otra vez, y esta mañana más de lo mismo. Para algunas esposas soy un peligro potencial, una mala compañía para sus maridos. ¿Qué temen? ¿Me conocen acaso para saber de qué palo voy? Si se sienten inseguras claro está que no es por mi causa, el problema lo tienen en casa. O bien sus maridos no son de fiar o bien se sienten tan inseguras que son incapaces de mirar a otras de su género como a iguales. Personalmente creo que es una pena compartir la vida con alguien en quien no confías. Más de una vez he tenido enfrente a algún marido que me comentaba que su mujer  estaba encelada conmigo. Y me han dado pena, porque al fin y al cabo ellos me han visto como a una igual, y se han acercado a mi como amiga, a decirme que les apena la desconfianza de su pareja. Y cuando me cuentan miro a mis amigos,  porque si confían en mi lo son y me entristexco. Los únicos deseos que nos unen es el amor al mar, no es difícil entenderlo. ¿O si?¡Qué forma de hacer la vida tan complicada! Increíble pero cierto.

 Luego están las independientes que me tachan de provocadora. Estas casi son peores. Van de mujeres libres, adelantadas a su tiempo. Se juntan con muchos piratas presumiendo de ser del grupo de las escasas mujeres marineras. Son todas muy “guachis”, palabras de apoyo público unas a otras, de libertad, de jotía como molamos.

Pero estas que tanto defienden a la mujer y su lindependencia, en cuanto se juntan con hombres  me ponen a parir diciendo que si no hago más que provocar o que si soy una buscona demuestran no ser lo que quieren aparentar. Al fin y al cabo, estas que tanto rajan son hembras cazadoras, que en cuanto ven a una desconocida que va de lo que ellas presumen ser temen que sea solo fachada, otra cazadora más. Es como el refrán que dice: cree el ladrón que todos son de su condición. Y es una pena, porque antes o después se descubren bajo esa fachada de libertad y autosuficiencia y se muestran tal como son, otras inseguras en busca del macho que cuide de ellas. 

Y aquí sigo yo viendo como van y vienen chismes, como las mareas. No puedo negar que cada vez que alguien me comenta, me dice, me cuenta, algunos incluso me confiesan avergonzados que si tal o pascual, me duele. Pero eso sí, cada vez menos.

¿Qué tu mujer no quiere que hables conmigo? ¿Qué te prohibe ir a una kedada si yo me apunto? Pues oye, jódete, que yo no me voy a quedar más con las ganas. ¿Qué no me respondes en los posts,pero si en privado al Hotmail porque temes que tu mujer entre en la taberna y vea que me hablas? ¡A mi qué me cuentas! No tienes obligación,  pero qué pena que limiten tu libertad de expresión y tengas que ir escondiéndote por la vida.  ¿Qué vas ya por la 3ª semana “sinfollarcastigao” porque te ha pillao un sms en el móvil en que “SÓLO” me felicitabas por mi 1ª salida en solitario? Siempre puedes masturbarte, aunque si tu mujer aguanta 3 semanas sin ganas tu vida sexual en pareja debe ser patética.

  Y a todas esas mujeres que me temen, recelan, critican o envidian que os quede clara una cosa: 

Me llamo Marga, tengo 31 años,  no tengo ni busco pareja. Follo cuando, cuanto y con quien quiero, y ni es poco ni es asunto vuestro, me encanta pasarlo bien. No necesito a un hombre que dirija mi vida, o tal vez sí, pero disfruto aprendiendo a ser independiente. Y no os creáis que es fácil, no señoras. En ocasiones es un precio muy alto el que hay que pagar por mantener mi estatus. Pero, a diferencia de vosotras soy libre, muy libre, porque mi coco no me tiene prisionera. Y me siento insegura muchas veces, claro que sí. Temo sentirme sola el día de mañana y no tener nadie a mi lado. Me pregunto muchas veces si he escogido el camino correcto o si me arrepentiré  cuando sea demasiado tarde. A veces trato de hacer algo, lo más simple, y me faltan las fuerzas que un hombre tiene. Y me hago daño, y muchas veces no puedo y me tengo que tragar el orgullo y he de pedir ayuda.

Pero luego, cuando consigo algo que me ha costado trabajo me siento muy orgullosa. Soy orgullosa. Y digo: ahí está Marguita, con un par, si señora. Y duermo satisfecha y muy  tranquila  pensando en que en esta vida me tengo a mi misma pa tirar palante y voy tirando.

 A ver si os enteráis chavalitas que, PARA FOLLAR NO ME HACIA FALTA COMPRAR UN BARCO. ¿Acaso tengo pinta de desesperada? Para vuestra tranquilidad os diré que a fecha de hoy no me he tirao a nadie de la taberna, para vuestra intranquilidad (y por si os jode) os digo que nunca se sabe cuando me puede dar un momento de calentón.

Si entro en algun antro marinero, o si paseo por los puertos, sin en ellos hablo con vuestros maridos, o vuestros “objetivos” o lo que sean, lo hago de persona a persona, compartiendo una afición común. Si tengo ganas de ligar no tengo más que salir de copas, o buscar el número de cualquier churri que conozca. Cada cosa tiene su lugar y su momento. Además, se liga más y mejor tierra adentro Burla

Quiero también dejar claro que soy lo más antifeminista del mundo,  me gusta ser mujer, femenina, si hasta a veces me sale ese punto machista de que el hombre es el hombre y ha de cuidar de mi, y  me encanta sentir esa protección que dan los brazos masculinose. Y disfruto  cuando se hacen los machitos, y más aún cuando me tratan como una princesa. Pero también necesito saber que yo puedo, saber que respetan mi espacio y yo el suyo, la libertad individual, la intimidad sagrada de cada persona. Estar así con alguien es tener la tranquilidad absoluta de que el puede confiar en mi y viceversa. Y para eso hay que borrar las sombras de inseguridades y dudas celosas. ¿Vosotras estáis así?

No tengo por qué demostraros nada, pero me da la gana hacerlo. Y esto que os voy a decir lo he dicho cienes y cienes de veces, esta será la última. Siempre quise navegar. Nunca vi un barco. Entré en una taberna a finales de noviembre. Ya desde el principio surgieron los primeros recelos de algunas mujeres. Pensé: Bueno, el movimiento se demuestra andando. Es normal soy joven, soy mujer, sin pareja “fija” y mi avatar es atrevido. Pero a la larga demostraría qué motivos me llevaron hasta esta taberna. Me subí en un barco en enero o febrero por 1º vez, y fue el de un profesor de vela (no el de ninguno de “vuestros hombres”), me examiné del PER y esa misma semana me compré mi barco. En 4 o 5 meses he alcanzado mi objetivo, que es navegar cuando quiero. ¿Cuántas de vosotras habéis alcanzado vuestros sueños, sean los que sean? ¿No lo tenéis claro aún? ¿No os sentís frustradas? Pues salid de ese pozo negro de miedos y tirad palante con vuestros sueños.

Y ahora que me he despachao os dejo, que he quedao con un churri montañero al que por cierto le dan miedo los barcos. 

Besos,lascivos, hoy solo para ellos.

Mi primera luna

Mi primera luna

“Pero no quiero mundo ni sueño, voz divina,
quiero mi libertad, mi amor humano
en el rincón más oscuro de la brisa que nadie quiera.”

 

Federico García Lorca

    

Por las noches entro de cuando en cuando en el Chat de la Taberna. Se ha formado un grupillo genial de habituales. Allí comenté en alguna ocasión que nunca había navegado de noche y que tenía ganas. Piratacojo dijo que alguna vez me acompañaría. ¡¡Joer, y ha cumplido su palabra!!

Llegó el viernes a Aguadulce, y tras mostrarle el barco cenamos y tomamos unas copillas. Después le dejé en mi cachalote y me fui pa casa. Me era imposible quedarme, y esta preocupada porque quizá mi barco es algo incómodo y tras un viaje largo no descansaría bien.

 

Al día siguiente me levanté temprano, y tras hacer unas gestiones fui al puerto. Y ahí estaba Javi, con la manguera baldeando mi barco, ¡qué apañao! Desayunamos y le mostré el puerto. Vimos desde el pantalán los barcos de pampano, epops y Raf. Luego fuimos al puerto deportivo de Almería a ver una faluca que han convertido en museo. Cañitas por mi barrio, en la barraquilla de mi playa, visita rápida a carrefour pa comprar algunas cosillas pa nuestra salida y de ahí al Cachalote.

 

Allí nos encontramos con pampano, que me vio desde el sureño y me llamó por teléfono. Piratacojo (Javier) conoció el sureño por dentro y quedó tan fascinado como yo la 1ª vez que lo vi. Tras esa breve visita en la que consultamos a Rafael sobre el cabo (carta naútica en mano), la idea era salir hacia Genoveses, fondear, descansar un ratito y tras una cabezada emprender le regreso. Nos abastecimos de gasolina y dispusimos todo para empezar nuestra mini travesía nocturna. Creo que a Rafael le hubiera encantado hacer una travesía así, breve pero que quita el mono de mar,  lástima que le fuera imposible acompañarnos.

 

La salida del amarre desastrosa, como siempre. Creo que al menos Javier ya sabe a lo que me refiero cuando digo que me cuesta muchísimo salir del puerto.

 

La noche se presentaba preciosa. Luna llena, aunque algo escondida por algunas nubes y un poquitín de niebla. Pero tenía esperanzas de que despejara. Eso sí, calma total, no se movía nada.

 

Llegando a Almería, a la altura del club de mar, se nos paró el motor.   La corriente nos llevaba hacia el poniente otra vez. Allí, en plena bahía sin motor y sin viento solo tenía 2 opciones: ponerme histérica y dejarme llevar por el pánico o servir 2 copitas de ron y tomárnoslas tranquilamente con el cofrade mientras esperábamos a ver si aparecía algo de viento. Disfruté de la noche, a pesar de que estaba preocupada. La corriente nos había situado en la misma línea de  entrada/salida del puerto pesquero, y recuerdo en las prácticas del PER ver a los ferrys entrar y salir a toda leche. ¡¡Joder!! Por lo visto siempre mi Cachalote se ha propuesto regalárme anécdotas en cada salida que haga.

 

A los 5 minutos empezó a soplar una brisa muy leve, que nos obligaba a prestar toda nuestra atención en el barco. El levante fue acentuándose, hasta que pillamos un ritmo genial.  Estaba harta de escuchar que el verdadero motor de un barco son las velas. Yo pensaba: sí, claro, pero si tengo un motor (o mejor 2) pues como que mejor, creí que era el elemento que más seguridad me daba a bordo. Vamos, que no estaba muy convencida de ello.

 

Nuevamente me equivoqué y nuevamente mi barco me enseñó algo nuevo: Realmente es cierto, ya tengo plena conciencia de lo que es un velero, y sé que  el viento es suficiente para moverlo. Y parece que vuela. La noche empezó a convertirse en una de las jornadas más especiales que he vivido. Decidimos seguir el rumbo hacia Cabo de Gata, darle un descanso al motor, ya probaríamos a arrancarlo más tarde. De todos modos, a pesar de las linternas no había suficiente claridad, y habiendo viento nos movíamos. Eché en falta un piloto automático para despegarme de la caña a ratitos. Aún así disfruté muchísimo. Durante el trayecto tomamos café, ron, hablamos sobre lo humano y lo divino, criticamos y alabamos a distintos cofrades  (esto es mentira, Piratacojo SIEMPRE habla bien de todo el mundo) y Javier me contó los chistes más malos que he oído en mi vida haciéndome reír muchísimo con ellos. Este chico es todo un personaje. Siempre dispuesto a hacer de todo, atento y no es delicao, con lo cual se convirtió en un excelente compañero de navegación. Si queréis una tripu de lujo con él a bordo llevaréis a lo mejorcito.

 

Llegamos al Cabo sobre las 7, justo cuando empezaba a asomar el sol tras el arrecife del dedo. La imagen que se nos ofrecía era impresionante, algo que pocas veces llegamos a disfrutar. Esa visión acompañada del olor a mar, del viento, del sonido de las olas…todos esos elementos mezclados conseguían hacer de ese amanecer algo único e inolvidable.

 

En principio pensamos en fondear por las salinas, resguardados del poniente. Pero yo no estaba del todo tranquila. Conozco el cabo desde tierra, y el viento cuando he ido a esas playa suele ser cambiante. Temía que no soplara para poder salir, o que según avanzara el día cambiara a poniente empujándonos a la costa. El levante apretaba, por lo que tampoco pasamos más allá del Dedo (la idea era recalar por Genoveses). Más valía no arriesgar,  estaba disfrutando mucho y no quería que nada me fastidiara ese momento.

 

Al pobre Javier se le veía agotado, así que le dije que se echara un rato (joer, casi se lo tengo que exigir) es un pirata siempre dispuesto a estar ahí pa lo que haga, y le daba apuro dejarme sola, pero sus ojeras hablaban por él chivando su cansancio.  Así que al final tras mucho insistirle le convencí para que diera una cabezadita abajo, se echó un ratito y yo seguí aferrada a la caña como si ésta fuera mi más valioso bien.

 

Fue una mañana preciosa en la que el levante hizo volar a mi Cachalote. Estoy orgullosa de mi barco, me ha sorprendido muchísmo su comportamiento. Le tenía cpor un barco tranquilón, muy “pachorra”. Este finde he tenido la sensación de que el viejo Cachalote recuperaba toda su juventud,  ¡qué digo! su niñez. Le he sentido más que nunca, en serio. Su modo de moverse, el ruido de las olas contra el casco, la estela que dejaba atrás. Sí, no sé si es que me pasé con el ron, pero he visto a mi barco sonreír feliz de volver a ser por fin lo que en su día fue: un buen barco.

 

La mañana transcurrió bien, Javier despertó en seguida pero con el rostro más descansado. Preparó café, y unos bollos de pan con aceite y jamón. Pero el viento se puso tonto, y aflojó hasta convertirse en leves rachillas que nos impedían avanzar. Llamamos a epops y a pampano porque conocen el motor y quizá nos pudieran orientar. Son geniales. Rafael estaba en el puerto y nos dijo que en caso de tener problemas pa entrar al puerto a vela, nos abarloásemos al muelle de cortesía y él nos remolcaría con su pequeño gran pampano. No hizo falta. Javier desmontó el motor y limpió una bujía que estaba llena de aceite. Problema arreglao, el motor volvía a dar la lata con sus feos gruñidos. ¡¡Qué alegría llevar a un hombre a bordo!! Yo ni siquiera sé (aún) donde están las bujías ni qué son exactamente.

 

Abrimos unas latas y una botella de Marqués de Riscal Reserva de nosécuantos. Aprovechamos la tarde para seguir navegando a vela, no tenía ganas de volver, y no lo hicimos hasta que no se hizo de noche. ¡¡Joder!! Me costó muchísimo encontrar la entrada a Aguadulce con tantas luces alrededor. El cansancio empezaba ya a hacer mella. Nos despedimos allí en el Puerto. Javier tenía que descansar para regresar a su casa al día siguiente. Y yo también.

 

Me ha quedado un buen sabor de boca con la visita de un cofrade. Nunca he estado tanto tiempo navegando, me refiero a navegar de verdad,  a vela.  Han sido 25 horas ininterrumpidas a la caña, en el mar, sin motor, sin agobios, sin prisas. Sí, mi 1ª salida nocturna ha sido maravillosa. Gracias, Piratacojo, por tu paciencia, tu saber estar y por hacerme reír. En el Cachalote siempre serás bienvenido.

Verbenero

Verbenero

Verbenero (RAE): Alegre, movido, multicolor. Bullicioso

 

Hace un par de domingos fui al puerto sin idea de salir a navegar, dado que las previsiones meteorológicas daban poniente fuertecillo y ni tengo suficiente soltura ni mis velas están como para ser más temeraria de lo que he sido hasta ahora. Las costuras de la mayor se deshilachan con sólo rozarlas con la yema de los dedos. Y estaba sola, a la peña le gusta el rollito de los barcos para hacer el paripé: sol bañitos y poco más. ¿Navegar? La mayoría no sabe ni quiere saber qué es, no les interesa. Y yo no les entiendo.

 

Aún así fui al puerto con idea de ventilar el barco y darle un baldeo. Al poco de llegar, y en plena faena llegaron Francisco y su socio. El primero es  uno de los anteriores propietarios de mi cachalote. Francisco compró un fortuna a medias con unos amigos, El Verbenero, un Fortuna. Lo tienen 2 amarres más allá del mío. Es un barco que usan solo para regatas, creo que no salen en plan crucero nunca. Eso sí, cuidan hasta el último detalle del barco, regatean cada semana y lo tienen al día en todo.

 

Esa día iban a sacarlo para probar unas cuatas cosillas que habían modificado en su barco para ver qué tal respondía. No sé si me vieron las miradas envidiosas que les echaba o la cara de cachorrito abandonao, lo cierto es que cuando uno de ellos me dijo: “¿te vienes?” me faltó tiempo pa soltar lo que estaba haciendo y subir a bordo del verbenero. ¡Qué pasada! Nunca había subido en un “barco regatero” y confieso que me encantó. Es más grande, más rápido, es un barco muy veloz, o eso me pareció a mi. Hay una diferencia abismal comparando con el mío, aunque claro, están diseñados para distintos tipos de navegación.

 

Formábamos una tripulación curiosa: un psicólogo un psiquiatra y una loquita. ¿Adivináis quien era yo? Nos (se) picaron con un Bavaria 37, le dimos alcance, les aburrimos y cuando consideraron que ya habían aburrido al sufrido armador del Bavaria cambiamos el rumbo. Me divertí muchísimo, el viento apretaba, el barco escoraba bastante y la compañía era fabulosa. Además conocí un poco más a los armadores del Verbenero. Francisco, el psicólogo, es un cachondo, no puedes parar de reír con él. Simpaticote al máximo, y buena gente. Se portó bien, muy bien conmigo, antes y después de venderme el barco. El otro, el psiquiatra (jo, tengo una memoria malísima pa los nombres) me sorprendió. Siempre ha sido muy atento conmigo, el más atento de los armadores del Verbenero. Pero parecía un tío muy apocado, tímido. A bordo de su barco conocí a una persona totalmente distinto. Un hombre seguro, que sabía lo que hacía a bordo. Un buen patrón. No sé por qué, pero  lo vi distinto. Y me gustó lo que vi. Inteligente, serio y atento, muy atento y agradable. Me lo pasé bien con ellos, excelente compañía para una mañana dominguera.

 

Lo dicho, el Fortuna genial. Y a bordo de él pensé mucho en mi Cachalote, tan chiquitito y rechoncho. Un barco pesado, cabezota y tranquilón. Pero le echaba de menos. Claro que me gusta el Fortuna de mis vecinos, y ojalá vuelvan a invitarme a acompañarles en una regata de verdad. Pero a bordo puse en una balanza ambos barcos. El mío es chiquitito, viejo, pero es un barco que no necesita a nadie más si no quiero. Esa eslora me permite navegar sola. Disfrutar de la navegación por gusto de navegar. El verbenero…. No sería capaz de manejarlo sola, al menos no ahora. Y para regatas necesitaría depender de tripulación. No, decididamente estoy contenta con lo que tengo, y… de momento no necesito y sobretodo no deseo nada más. Estoy muy satisfecha con lo que tengo.

En solitario

En solitario

 "Mi barco es de papel
pero saldré a navegar
en la isla en donde tu estes
allí quiero naufragar
y que me huela la piel
a roca espuma y a sal
dime que tengo que hacer
para ser tu capitán"

Fito y los fitipaldis

Demasiado trabajo me ha impedido pasar por aquí. Eso y que he empezado a animar un poquillo mi otro blog, que tengo abandonao. 

Bueno, muchos piratas ya lo saben, y es una pena no haber dejado constancia aquí antes de uno de los momentos más especiales de mi vida. Y es que por fin salí en solitario.

 Tras algunas salidas con un amigo acostumbrado a las semirígidas (nunca subió en velero), fui tomándole confianza a mi barco. Lo sacaba a veces y lo atracaba siempre, El problema: es que Jose, mi amigo, no ha navegado nunca a vela, y le mola más el rollito de salir a pescar. Y lo que es peor, Jose me consideraba de porcelana: estate quieta que yo lo hago, ten cuidado que te caes, te vas a hacer daño, yo arranco el fueraborda que te cuesta mucho trabajo…. Total, que acabé siendo una tripu-flower en mi propio barco. Y paciencia siempre he tenido más bien poca, así que la mitad de veces que salí al mar volvía al puerto cabreada. Si a todo esto le sumamos que en agosto apenas ha hecho viento el resultado es que me he pasado el mes saliendo con el barquito a motor en plan dominguera con caña de pescar incluida. Eso sí, me he puesto bien morenita. 

Decidí dar un paso más. Fue el día que invité a Carmela. Y tras esa experiencia  “…¡¡…!!..” decidí probar de nuevo con un novato que creí más adecuado. Así que a la semana siguiente invité a Iván, un guapísimo argentino que ha practicado todo tipo de deportes, entre ellos el surf. Pero Iván no tenía el potencial de marino que intuí. Le llamé por la mañana y una voz amodorrada aceptó mi invitación. Se había acostado a las tantas y estaba algo destrozao. Además Ivancito es un poco flojeras creo. Eso sí, es el mejor tripusol que he encontrao. Guapo a rabiar y de conversación inteligente y agradable. Y bueno, hacer no hizo apenas, pero al menos no estorbó. También se mareó. Le metí un chute de biodramina y le dije que no pensaba volver, así que empezara a centrar su mente en algo que le hiciera olvidar el mareo. Se tumbó bocarriba y así se quedó.

Y ahí estaba yo, navegando casi sola, aunque he de reconocer que la compañía, aunque fuera un vegetal con unos preciosos ojazos negros me proporcionaba una reconfortante sensación de seguridad. Al llegar a casa pensé: ¡¡demonios!! Si salgo con Jose no avanzo, ni siquiera puedo gobernar mi propio barco. Y salir con novatos es como salir sola, a diferencia de que estos se marean y yo no. Es el momento de salir sola. Sí, ya sé que le barco no está a son de mar, que ni siquiera funciona la radio y que aún no he puesto la que me preparó Fede pero… quiero salir. Es algo así como cuando estás a dieta y te invitan a una cervecita ¿cómo conformarse con una cola Light? Soy débil ante las tentaciones. 

Y bueno, al fin salí, y no quise volver…. 

El 10 de septiembre desperté temprano, y contenta, muy ilusionada. Dejé un mensaje en la taberna anunciando mi salida en solitario y me dispuse a seguir mi rutina: café y prensa, tranquilita, sin pausas. Llegué al barco lo dispuse todo. Creo que no pensé en que iba a salir sola. Estaba muy relajada, era un día más.Sacar el barco del amarre es una odisea. No responde el puñetero marcha atrás, no gira a estribor así que no lo puedo poner derecho enfilando la salida. Menos mal que allí estaba Armando, un compañero de PER, mi amiwito en las clases, era de los pocos fumadores del curso, y siempre me hace reír. Le dije que me echara un ojo pues siempre la lío sacando el barco del amarre. Y me tuvo que ayudar desde el pantalán a enderezar el barco. Pero una vez enfilada la bocana todo cambió. Poco viento, eso sí. Un día muy tranquilito. ¡¡Y hasta me bañé y todo!! 

Al llegar pasé por la taberna. Fue el primer sitio en el que quise parar. Hace apenas unos meses entré preguntando cómo era el mar. Ni siquiera había pisado un barco. Y me sentí cómoda y arropada en ese antro desde el primer día que asomaron mis los rizos  por la barra de la taberna. Siempre he participado en los cachondeos y bromas, nunca en los posts náuticos que allí se colgaban. Supongo que debo parecer una ignorante boba que nada pintaba allí. Pero los leía, bien lo sabe dios, y a veces suponía y supone un gran esfuerzo de concentración y de búsquedas en google de términos extraños, debido a no entender ni tres cuartas partes de lo que decían. Y leía y releía. Y poco a poco voy pillando algunas cosas.

Supongo que el contar allí mis aventuras o desventuras a muchos les habrá parecido uno de mis ejercicios de vanidad. Me la trae al pairo lo que piense la gente. Era mi regalo. Quería mostrarles que la tontita que llegó hace unos meses sin conocimiento alguno se esforzaba día a día por aprender, y aunque no tengo que demostrarle nada a nadie, pienso que el fruto que estoy recogiendo es en parte  gracias a muchos de los piratas que aman el mar, y que transmiten mucha pasión al hablar de él. Y es que éstos me han motivado dándome fuerzas para tirar palante. Me gustan los retos, y soy muy tenaz. Cuando  leo a algunos de esos piratas descubro que llevan toda la vida en el mar, que son un pozo de sabiduría, que gozan de la experiencia que les han brindado momentos únicos que sólo el mar otorga. Y tengo claro que quiero llegar a conocer lo que muchos de ellos ya han descubierto. Sí, mi post pretendía ser un regalo, y aunque sea una ofrenda humilde, de escaso valor para avezados marinos, aunque sea tan poquita cosa es lo más grande que puedo ofrecer, es algo que me está cambiando por completo, y para bien. 

Me agradó ver a mi regreso las muestras de apoyo a mi anuncio de partida. Incluso bromeaban sobre mi tardanza en regresar y comentar mis peripecias. Embat me hizo reír muchísimo con uno de sus comentarios. Y nada, allí, en ese mismo post conté la salida, y tuve que aceptar varias regañinas de los que me llamaron inconsciente y temeraria. Tenían razón, y mucha. Realmente no iba concienciada del riesgo que corría. Sé que en el mar la cosa se puede complicar a la mínima, y no tenía radio, ni destreza, ni experiencia ni ná de ná. Me queda mucho aún que aprender. Pero sé que quienes me dieron un toque por mi atrevimiento lo hicieron con la mejor buena voluntad del mundo. Y eso se agradece, porque sus deseos son buenos. Eso sí, no me arrepiento de ni un solo segundo que pasé allí fuera. Y poco más… dejo aquí  enlaces del post de la taberna, como recuerdo de un día muy especial para mi. 

http://latabernadelpuerto.com/foro/viewtopic.php?p=224774&highlight=#224774 

http://latabernadelpuerto.com/foro/viewtopic.php?p=224947&highlight=#224947

Mi mundo es mío

Mi mundo es mío

Que yo me voy porque mi mundo me está llamando
voy a marcharme deprisa
que aunque tu ya no me quieras a mí me quiere la vida
Yo me voy de aquí… jodida pero contenta
Tu me has doblado, pero yo aguanto
Dolida pero despierta por mi futuro
Con miedo pero con fuerza yo no te culpo ni te maldigo
Cariño mío jodida pero contenta
Yo llevo dentro una esperanza
Dolida pero despierta por mi futuro
Con miedo pero con fuerza
Que a partir de ahora y hasta que muera
Mi mundo es mío

    Jodida pero contenta (Concha Buika)  

4 de septiembre de 2006  

¡¡Ahora sí!! ¡¡Ya soy Patrona con todas las de la ley!!  

Rompí la relación con mi chico y me compré un barco. Un cambio la mar de sabio. 

De nada sirve un título, ni un barco, si no sabes manejarlo. Hasta ayer sólo era una propietaria titulada, no merecía siquiera llamarme armadora puesto que desconozco casi todo de mi barco… Siempre he querido llevarlo yo, pero hasta la fecha he salido acompañada con gente experta, por inseguridad. Y me daba rabia sentirme una tripulante en mi propio barco. Quiero navegar, salir a la mar cuando y como me apetezca. No quiero depender de nadie. Si algún día tengo ganas de estar a solas con la mar no podré hacerlo si no me lanzo y afronto mis miedos. 

Ayer di un paso más en mi andadura. Quedé con Carmela, una amiga. Ella no tiene nada de experiencia, no había navegado nunca (los cruceros tipo vacaiones en el mar no cuentan). Le dije de salir temprano, quedamos a las 9 porque mi mayor preocupación era sacarlo del amarre, ya que marcha atrás no responde, y el tiempo daba levante. Si empezaba a soplar no iba a ser capaz de sacarlo. Yo llegué poco antes de las 8, para secar la humedad de la noche, ventilarlo, echar gasolina al depósito, en fin… prepararlo todo.

La 1ª sorpresa del día es que la sentina estaba a la mitad, le había entrado mucha menos agua que en semanas anteriores. Presentí que iba a ser un buen día. 

Carmela me llamó a las 9 y media, iba con retraso porque no encontraba las llaves del coche. Cuando llega (al fin) vamos al pantalán, y en el momento de subirse a bordo la llaman por telf. Total, que ahí se queda paseando en el pantalán mientras que yo estibaba todos sus bultos que no eran pocos. Ahí me vi reflejada, soy de las que siempre van cargadas, y vi que es una gran tontería. Tras más de un cuarto de hora de conversación telefónica le dije que cortara el rollo, que subiera al barco y que llamara a su hermano una vez salgamos. Le expliqué como debía soltar las amarras, le di el bichero (el palo gris pa que me entienda) y arranqué el motor. 

Sacar el barco fue una odisea, lo pasé fatal. El motor se lió a echar mucho humo, y no respondía. Allí estaba, otra vez en mitad de nada sin ser capaz de gobernar el barco. Un vecino de pantalán acudió a echarme una mano. Un hombre de mediana edad, con aspecto de simpaticote  y una bonita sonrisa. Me dijo que algo le pasaba el motor, me explicó la causa y me di cuenta del primer error. Antes de arrancar hay que tirar de un botón para que coja aire, y luego volver a meterlo. Yo no hice esto último (claro, como casi siempre arrancaba el motor Jose, pues había olvidado como se hacía). Lo 2º que hice mal fue que no metí a fondo la marcha atrás.  

El vecino me pidió que tomara su brazo desde el pantalán y me ayudó a colocarlo, tal y como estaba no quedaba más remedio que sacarlo  de ese rincón en el que me había quedado marcha atrás. Pero seguí sus consejos, y lo saqué, tuvo una paciencia increíble, creo que es la típica persona que tiene el don para enseñar. ¡Qué suerte topar con él! 

Mi  pobre Carmela, estaba callada, no sabía qué hacer, estaba de rodillas en la proa abrazada al bichero. Tenía que quitarle importancia al incidente, para evitar que se pusiera nerviosa. Le comenté para tranquilizarla que fue un fallo tonto del motor, que a veces pasa pero nada grave (todo esto con cara de sobrada y de saber lo que estaba haciendo).

-Tranquila Carmela, que lo tengo todo controlao. 

 ¡¡Qué gran mentira!! De controlado nada, tenía la adrenalina a mil, ahí estaba yo, al frente de un barco con una pasajera más inexperta que yo, sin saber si sería capaz de izar las velas, pensando en si se llenaría la sentina, en si caeríamos alguna al agua, o en si cambiaría el tiempo de repente, pensando en que si se paraba el motor o si luego no era capaz de arrancarlo a ver cómo demonios lo hacía para regresar. Lo juro, tenía un ataque de ansiedad, pero curiosamente no había miedo. Me temblaban las rodillas y sentía latir el corazón a mil por segundo, tan fuerte que iba a atravesarme el pecho. 

Pensé cuando iba hacia la bocana en que no izaría las velas, mejor a motor hasta hacerme con el control, ya habría tiempo para experimentar con las velas otro día.

Y salí al mar.

Y allí mi barco empezó a mecerme, y al compás de las olas, a la caña de mi barco me sentí más marinera que nunca. El viento era suave, según avanzaba me dije: -¡qué demonios! Soy trapera no tractorista, y puse proa al viento preparándome para izar la mayor.  

Carmela seguía sentada en la bañera, donde se puso al llegar, junto al compás. Le pedí que agarrara la caña y que mantuviera el rumbo. Y flipé en colores… Agarró la caña, sí, pero ¡con 2 deditos! Indice y pulgar concretar. Paciencia Marga, no le digas nada, que la coja como quiera mientras mantiene el rumbo. ¡¡Una leche!! Más que haciendo eses hacíamos ochos. Me puse a izar la mayor, joder, la driza se había enganchado en una cruceta, intenté tirar de ella pero nada. Tuve que bajar, coger el bichero y ayudarme con él a desengancharla, trabajito me costó. Ahí estaba yo, en un barco descontrolao aferrada al mástil como el mono Amelio de Marco ¿Recordáis esos dibujos? 

Al final lo conseguí tras una feroz batalla con el bichero,  pude izar la mayor. Ufff ha costao pero… ¡genial! Ahora a por el Génova. Carmela ya pasaba de la caña, se había vuelto a sentar en su rincón. Igual cree que el palito ese no sirve para nada y que una vez las velas arriba el barco anda solo.

No sé como, pero lo conseguí, y con todo el trapo lleno de viento todo cambió por completo, hasta yo. Las inseguridades desaparecieron para hacer sitio a la más absoluta felicidad. Sí, era feliz, me encontraba pletórica, llena de energía positiva. ¡Estaba navegando a vela! Yo dirigía mi barco y ¡se movía sin motor!

Joder, ahora al rememorarlo según escribo me emociono, tengo la piel de gallina. Nunca, jamás olvidaré ese momento. ¡Qué pasada! ¡Cómo disfruté! ¡Qué grande y poderoso es el mar! Y yo, tan pequeñita, ahí estaba, deslizándome en él, navegando.

Sí, ya soy patrona. Patrona de verdad. 

Fue hora y media o así, hasta que el viento aflojó y ya se acabó lo bueno (al menos para mi, creo que Carmela estaba deseando cambiar). Le pedí que bajara a por unas cervezas y la pobre mujer se me acojonó. Fue incapaz de siquiera levantarse. Me tocó a mi como buena anfitriona. ¡Qué le vamos a hacer, si la pobre es de Jaén y ha vivido media vida en Madrid! y le gusta el sol más que a los lagartos. Y claro, de todo debe de haber, no todos vamos a ser marineros, también hace falta gente de secano. Paré el motor, estaba deseándolo, y me di un refrescante y breve baño. La pobre Carmela no hacía más que decirme que no me soltara de la escalerilla que si me pasaba algo a ver como se las arreglaba para volver a puerto. ¡Y a mi que me den si me pasa algo! Jejeje. No, Carmela es una buena amiga, y generosa, capaz de hacer lo que sea por ayudar a un amigo.

El agua estaba a una temperatura fantástica. Carmela me miraba desde arriba, sé bien lo que sentía en esos momentos, porque también lo sentí yo la 1ª vez que me di un baño. Quería bañarse pero le daba miedo. Subí a la bañera, y le conté que el agua estaba fenomenal, que me había sentado fenomenal el baño, que menuda calor hacía hoy… le ponía los dientes largos para luego, una vez aumentadas sus ganas de bañarse, explicarle que no había que tener miedo sino prudencia. Le expliqué donde aferrarse, como bajar y subir. Volví a hacerlo para que ella me viera, y tras un buen rato de consejos se decidió. Y ahí estaba Carmela, riendo y chapoteando como una niña pequeñita en el agua. Al fin y al cabo Carmela es valiente, se subió conmigo en el barco. 

Pusimos el toldo, el sol pegaba fuerte. Bueno, puse. Una cosa es que mi amiga se bañe, y otra que mantenga el equilibrio de pie en la bañera. Dejé el barco a la deriva, alejado de la costa y me fui a la proa a tomar el sol sin dejar de mirar alrededor. Si algo he aprendido leyendo a los cofrades de la taberna es que los despistes se pagan caros. Y ahí estaba mi Cachalote, con 2 tías en topless, una en la proa y otra en la bañera, presumiendo de ser el más chulo del Mediterráneo. Pasaban muchos barcos y uno lleno de muchachos tocó la bocina. Me erguía mil veces a mirar y remirar alrededor.

Carmela quería una cerveza, así que bajé a preparar algo de comer, ¡eran casi las 3 y no me había dando ni cuenta! ¡qué rápidas pasan las horas felices! Después de comer volví a lanzarme al agua. En unos minutos me encontraba rodeada de niños en sus optimists. Siempre he admirado la destreza de esos niños, esos sí que saben navegar. Al ratito un par de ellos volcaron, la mar se estaba revolviendo y el barco se movía demasiado.

Eran casi las 5, así que decidí por prudencia regresar. No sabía si iba a empeorar la mar y no quería que un susto me estropeara un día tan perfecto. Total, que arranco el motor y le doy gas y… el barco no se mueve. Carmela me preguntó a los 2 minutos:

-Va lentillo ¿no? 

Me empecé a poner de los nervios, pero era importante que no se diera cuenta de que habían problemas para no empeorar la situación. 

–No niña, es que con las olas parece que no avanzamos (joder, que mal miento).

El barco seguía sin moverse apenas, solo lo que la corriente nos desplazaba. Y me di cuenta de otro error más. ¡Mira que soy gilipollas, había dejado el barco en punto muerto!, ¿cómo leches iba a avanzar? El trayecto hasta el puerto fue algo difícil, debido a la mala mar  la hélice del motor continuamente estaba fuera del agua, cada vez más.

Durante el regreso le expliqué a Carmela lo que debía hacer a la hora de atracar. A la pobre le cambió el color de la cara. -¿Debo andar por el barco? Bueno, pero páralo antes y baja tu a por el bichero que a mi me da miedo.-¡Nos ha jodío Carmela! Paciencia Marga, ha sido un gran día para ti, hazte cargo de que vas sola.  Una vez dentro del puerto, Carmela, con cara de condenada en dirección al patíbulo se dirigió a la proa a gatas, y se sentó allí nuevamente abrazada al bichero. La verdad es que hice un atraque perfecto, como nunca. Paré el motor entrando al pantalán y la inercia y la corriente hicieron el resto. Pero no acabé de flipar. Ahí estaba Carmen tumbada en la proa con el bichero agarrao a modo de fusil como un franco tirador. Se me escapó una risa. Pero me dio tiempo una vez parao el motor a ir alante y encargarme de todo. Ni siquiera rocé el pantalán… y ella se negó a rozar el cabo pringoso y apestoso del muerto cuando le dije que lo agarrara. 

Carmela estaba agotada. Era hora de recoger. Yo también estaba cansada, pero rebosante de alegría. Ella se quedó durmiendo abajo. Yo me encargué del resto.  

Ayer disfruté como nunca recogiendo mi barquito. Sí, creo que está contento. Este es principio de una larga y hermosa relación, tengo la sensación de que seremos compañeros inseparables. Hoy escribo desde la oficina, mi mirada escapa por la ventana, más allá de los grises edificios, sin verlo puedo ver el mar. Mi cuerpo está aquí, pero mi corazón sigue aún bañándose en olas de espuma blanca.

Buscando el camino

Buscando el camino

Y con tormento y sin dolores yo voy haciendo camino
Y que la brisa marinera me oriente hacia mi destino
Así es que me voy bajando para la orillita de puerto
Y el primer barco que pase que me lleve mar adentro
Y en este planeta mío, este que tu gobernabas 
                                  Yo ya he clavado mi bandera, tu no me clavas mas nada
      

Jodida pero contenta (Concha Buika)

  22 al 25 de Agosto, Semana de Feria 

Lo he decidido. La Feria y la juerga me descentran, tengo el barco a medio lijar, así que me voy al barco. Pero no a echar el día, sino varios días con sus respectivas noches. ¿Me arrepentiré?  

El martes lo dejo todo preparao: toallas, kit femenino de supervivencia: tampax, antiinflamatorios, gloss labial, gel íntimo, toallitas, pendientes varios pa no ir siempre con los mismos y condones, que nunca se sabe y no viene mal tener una cajita por si acaso). Preparo ropa, ¿hará frío? Por si acaso me llevo de todo tipo de prendas, de más o menos abrigo.  También llevo el wc portátil que me compró mi papi en el LIDL.  

Mi madre tiene por costumbre hacer una buena olla de cocido las épocas festivas en las que el abuso de alcohol y juergas requieren sopita al dia siguiente. Os lo recomiendo, es mano de santo pa la resaca. La Feria de Almería y las Navidades son  unas de esas fechas. Puesto que la olla estaba allí en la cocina llenita congelé un tupper pa llevármelo. Lo confieso, yo soy de cuchara, sopitas, potajes y demás me pierden.

Al día siguiente madrugué, llevaba bultos suficientes pa hundir el barco. Llego al barco, coloco casi todo (excepto la ropa) y antes de hacer nada me acerco a saludar a Miguel, que ha venido con Iruñaberri a preparar su próxima travesía.  Al bajar del barco vuelvo a tirar el bolsito y cae al fondo con todo su contenido. Dinero, tarjeta y móvil. Ya he perdido 3 móviles. En fin… resignada me dirijo al Cacao. Tenía claro que no me iba a meter al agua y como a mediodía había quedado con un amigo (el que me sacó el bolso del agua la última vez) pues toca esperar. Allí, en el barco de Miguel conocí a Iruñaberri y francamente, me dio muy buena impresión ese hombre, muy muy agradable. Luego me acerqué con Miguel a hacer unas comprillas. Total, que había echado la mañana y no había pegao golpe. Y eso que iba a trabajar en el barco.

Cuando regresé al Cachalote era la hora de comer y Jose, mi amigo llegó pronto. El pobre ya estaba avisao de que le tocaba zambullirse, así que mientras él rescataba mi bolsito yo preparaba una ensalada. Tras comer echamos una siestecita y salimos un ratito a navegar (a motor, no soplaba apenas viento). Me divertía ver los bancos de boquerones saltarines en el mar. Nos dimos un breve baño pero el agua estaba helada.

Al caer la tarde Jose, mi amigo se marchó, no muy convencido de dejarme allí pasando la noche. No le hacía gracia la idea. Fui de nuevo a visitar a Miguel y cía. Y ya de paso conocí a Raf, que llegó al ratito. Un chico muy guapo. Iban a ir a cenar, pero pasé de acompañarles porque no tenía apetito. Además, me apetecía disfrutar esas últimas horas del día relajadita en mi bañera, leyendo algo con una cerveza fresquita. Cuando anocheció comencé a colocar toda la ropa que había dejado en un bolso sobre la litera. Luego me serví un vasito de leche y me puse un DVD. Vi  Moby Dick. Para ser precisos empecé a verla, pero me dormí enseguida. Al día siguiente madrugué, disfruté de las primeras luces de la mañana en la bañera del barco. Luego salí a tomar café y comprar el periódico. El día fue tranquilo. Por la noche terminé de ver la peli del día anterior y puse otra de terror. Me gustan esas pelis que dan susto. De madrugada desperté y asomé a la cubierta. Era impresionante,  había tanta boria ( los catalanes le llaman boira, creo) que no veía los barcos de al lado. Pero no tuve miedo, al contrario, era reconfortante.

Volví a madrugar, y compré unos churritos arriba, en el pueblo para llevárselos a mis amigos del Cacao. Y de nuevo al Cachalote. Me lié a hacer cosillas. Aproveché para limpiar a fondo la sentina, que estaba llena de grasa. Le metí la manguera a presión, un buen estropajo y lejía con detergente. La dejé reluciente y cuando me vine a dar cuenta era hora de regresar, el sábado tenía que currar.

Si algo he aprendido estos días es a conocerme un poquito más, y también a conocer al Cachalote. Me he sentido un poco más dueña de mi barco, he conocido la paz que da dormir allí, hacer vida allí. He meditado y he encontrado la templanza que necesitaba para afrontar los problemillas que me depare el viejo barquito. Eso sí, lijar, he lijao poco. ¡Ah! También sé que la próxima vez no debo ir tan cargada de ropa. El problema será decidir que es lo estrictamente necesario antes de salir. Me costó trabajo colocar un montón de ropa que no me puse.

Con el moño apretao

Con el moño apretao

Ponte el moño apretao, sirena, que se joda el viento,
rompe las horquillas de espuma,
y déjame que te remache sonrisas de hierro
de ésas que disipan las brumas,
y sé que entre los males nos lloverán cristales,
yo iré descalzo y tú desnuda,
al son del amor del ronco tambor que toque la luna. 

Y  báñate en mis ojos, que se joda el mar
que quiera mecerte a su antojo,
si no somos nadie a nadie va a encontrar,
y si a las heridas quiere echarles sal
sólo va a encontrarse cerrojos
y las cicatrices de la soledad.

                                        "Que se joda el viento". Marea

Tras una racha de calamidades con mi Cachalote, me he dao cuenta que no es que tenga mala suerte, es que lo tengo descuidado. Si un barco tuviera alma, el mío además tendría muchos cojones. Creo que está reivindicando que cuide de él, que  me dice enfadao que menos llantos y más remedios. Y apurando mis últimos días de vacaciones he decidido apretarme el moño como dice la canción yponerme manos a la obra. 

 Resulta que además del motor gripao, de la vela rasgada, de la radio autista, de la vía de agua y algunas muchas  cosillas más  (ufffff) se le cae literalmente la pintura a trozos. Y muchas de esas virutillas plásticas han ido a parar a la sentina, atorándome en ocasiones la bomba de achique. Tenía pensado en pintarlo, y qué mejor momento que éste.

¿Por qué pintar en lugar de tapizar como algunos me han sugerido? He descartado la tapicería, creo que disminuiría la sensación de amplitud y que a la larga cogería más olor a humedad y… bueno, porque me gusta más a mi pintado, bien blanquito y porque lo digo yo y yastá .